Abro la puerta de la oficina de Dariel y este levanta la vista de sus documentos.
—¿Me has mandado a llamar?
Asiente.
—Sí, por favor. Hannah necesita hablar contigo —anuncia.
Con Chanel detrás entro a la oficina de este y tomo asiento donde me señala.
—Lamento que estés involucrado en esta situación tan deplorable para mí.
—Tranquila, confió ciegamente en tu hermana, sé que es una mujer cabal y si ella asegura que te tendieron una trampa, le creo.
Asiento agradecida.
—Te recuerdo que no puedes comentarle nada a nadie.
—Lo sé, le hice una promesa a tu hermana —su expresión es solemne y no vacila mientras pone un sobre frente a mí, —tu hermana es alguien que aprecio.
Una sonrisa tira de mis labios, pero disimulo.
Se aclara la garganta cuando ve mi expresión, abre la boca y creo que va a decir algo cuando el teléfono de su oficina suena.
Suspira.
—Es Hannah —anuncia antes de ponerse de pie, —te dejo para que hablen con tranquilidad. Si necesitas algo, no dudes en decirme—. Señala el sobre que ha puesto frente a mí hace unos segundos, —esto te lo envía ella.
Sin esperar respuesta, se aleja al tiempo que tomo la extensión.
—¿Hannah? —Susurro.
—¿Cómo estás? ¿Cómo lo llevas? —su tono es acelerado —Sam —susurra —estaba preocupada, le he dicho a Dariel que te dé algo de efectivo, ya me encargaré de pagarle sin levantar sospechas.
Asiento, aunque no me vea y acaricio a Chanel para mantenerme en una pieza.
«Dios, ¿Qué haría sin mi hermana?»
—Gracias —respondo lo mejor posible para no preocuparla, —estoy bien —hablo en un hilo de voz —no deberías arriesgarte a llamarme.
—Estoy llamando de un teléfono desechable —anuncia en voz baja —, y si lo descubren solo seré yo hablando con un viejo amigo. Así que no te preocupes por mí, Samantha; iré al grano —, continúa —la cosa no pinta bien. Todo el dinero que Thomas recibió aparece como si tú fueras la receptora. El dinero entraba y salía de una cuenta a nombre de la fundación.
—¿Me estás queriendo decir que Thomas abrió una cuenta de banco, la cual desconocía, y la uso para su lavado de activos? —Mi voz es apenas un murmullo.
—Sí, el dinero circulaba de forma constante—. Titubea antes de seguir —, eres su socia…
—Acepte porque sería su imagen, era mi única responsabilidad. Dar a conocer la fundación.
—Los cheques de retiro están a tu nombre.
Acaricio con más ahínco a Chanel mientras me muerdo el interior de la mejilla con fuerza.
—Yo no firme los cheques… no al menos de forma consciente.
—Lo sé, y estoy en eso, pero el fiscal a cargo del caso está decidido a hacer de ti un precedente, una bandera —, continúa —dice que ese es el resultado de darle notoriedad a cualquiera.
—Bueno, supongo que lo dice el hombre que no viste un traje decente —susurro enojada.
Ella se ríe un poco.
—¿Es que vas de bruja? —se mofa y me hace sonreír un poco.
Suspiro.
—Hannah, ¿cuánto tiempo estaré aquí? No me gusta este lugar —miro alrededor—. Todo es tan… diferente a lo que conozco.
—Aún no, tengo que demostrar que no es tu firma o que Thomas te engaño para obtener tu firma en ellos, también debo probar que no eres la autora de esos retiros, sería más fácil si Thomas confesara que no tienes nada que ver y que te puso trampa… me va a llevar tiempo.
—¿Cuánto?
—Un par de meses. Trabajo bajo cuerda para que nadie sepa que estoy investigando, menos recaudando información.
—Hannah, es demasiado. No creo poder estar aquí dos meses.
—Es eso o regresar y entregarte—, espeta en tono seco —¿quieres pasar tus noches en una celda, pequeña y fría, junto a mujeres que no sabes quiénes son y de que son capaces?
Niego con temor.
—Confía en mí, ¿cuándo te he defraudado?
—Neverin life —replico sintiendo como mis ojos se llenan de lágrimas, pero no me permito derramarlas—. Hannah, ¿cómo están mamá y papá?
Deja escapar un largo suspiro.
—Mamá está preocupada; sin embargo, le he dicho que todo va a salir bien—. Cierro los ojos y dejo que las lágrimas salgan en silencio, —papá. Bueno, él te ha desconocido públicamente —no me sorprende eso de él —dice que está del lado de la ley y que, si tiene que llevarte a prisión para dejar claro que sigue siendo un miembro respetable para la sociedad, lo hará.
—Ya veo —respondo limpiando mis lágrimas con mis dedos.
Duele, aunque mi padre es severo, por un momento pensé que se tocaría el corazón por su hija, pero está claro que Franco Hoffman tiene mucho que demostrar al resto del mundo.
—Juro que voy a sacarte de todo este embrollo que hizo el desgraciado de Thomas.
—Está de más decir que quiero el divorcio.
—Mi bufete se va a encargar cuando llegue el momento, será fácil con ese infeliz en prisión—. Escucho que remueve algunos documentos —Sam, tengo que irme, si necesito hablar contigo te llamaré a este teléfono.
—¿Puedo tener un móvil?
—No, no puedes.
—Tengo ansiedad por redes.
—¿Eso existe? —Escucho que resopla.
—Obviamente, me siento ansiosa y me hace falta saber del mundo…
—Enfócate en algo más.
—¿En qué Hannah? —Bufo estresada—¿En las vacas? ¿Gallinas? ¿Caballos?
Su risa se cuela por la línea.
—Te amo Sam, y haré lo que esté en mis manos para que vuelvas a brillar como mereces.
—Yo también te amo —respondo antes de colgar.
Por unos segundos agarro a Chanel y la levanto contra mi pecho dejando salir mis lágrimas en silencio.
Me quedo ahí un tiempo antes de decidir que es suficiente. Alargo la mano y tomo el sobre que Dariel dejo antes de irse y dentro hay dinero suficiente en billetes de veinte.
Me pongo de pie y salgo de la oficina de Dariel con Chanel siguiéndome.
A mitad de camino me encuentro con Savannah y no puedo evitar recordar que ella estuvo ayer con el vaquero idiota que me llevó al pueblo.
—Samantha, ¡me alegra verte! —Me saludan con voz cantarina.
—Hola —le doy mi mejor sonrisa.
—Estoy por ir al pueblo y me preguntaba si querías ir conmigo y tomar algo allí.
Abro los ojos con un poco de sorpresa
—Me encantaría. Gracias de verdad.
—Podemos dejar a Chanel en tu habitación y decirle a Marian que le eche un vistazo.
Esta ladra llamando nuestra atención.
—Solo será un par de horas, debo ir a hacerle un cambio de aceite a la camioneta —deja es capar un suspiro dramático —mientras tomamos algo y así conoces algo más del pueblo.
Asiento porque es mi única esperanza para salir de este encierro.
—Deja que me refresque un poco espeto.
—No, estás bien así—, me estudia; —de hecho, te ves muy bien—, comenta mirando mis pantalones vaqueros desgastados de la marca Uterqüe, un top de tirantes en color negro y un cárdigan gris, todo el atuendo lo había combinado con mis botines favoritos.
—De hecho, más que bien —dice algo incómoda antes de ver su falda vaquera y camiseta de tirante con una camisa de cuadros encima y botas vaqueras.
—Bien, solo iré a dejar a Chanel en la habitación y cerciorarme que tiene agua y comida.
En la cocina está Mirian con una mujer más joven que se presentó esta mañana como Lorna y es la segunda cocinera. Ella tiene unos treinta años y lo poco que vi de ella es muy curiosa.
De regreso con Savannah la sigo y subimos en un jeep wrangler todoterreno con vidrios polarizados, una vez dentro no puedo dejar de recordar el jeep donde Luke me llevo al pueblo.
Evito resoplar.
—¿No me dijiste a que te dedicas? ¿Cuánto tiempo estarás con Mirian?
Miro a Savannah que mira el camino.
—trabajo como asesora de imagen, y aún no sé cuánto tiempo voy a quedarme —miento —, decidí tomarme unas semanas libres y Dariel fue amable en recibirme para que así pudiera compartir con mi tía.
Ella asiente.
—Mi hermano es un amor de hombre.
Estoy de acuerdo.
—Lástima que la perra de Valeria no lo viera.
Ese comentario llama mi atención.
—¿Valeria?
Me da una mirada rápida.
—Sí, su exmujer —niega —una niña mimada que se creía mucho para este lugar y termino odiando la vida con mi hermano.
Interesante, ¿me pregunto si Hannah sabe eso?
Entramos al pueblo y Savannah estaciona frente a un taller.
Baja del auto cuando apaga el motor y le sigo.
—Iré a avisar que necesito el servicio y nos vamos.
Asiento.
Cuando me quedo a solas miro alrededor y soy consciente de que las personas me miran con curiosidad.
Camino por el lugar teniendo cuidado de no estropear mis botas cuando chocó contra un torso.
Jadeo por el impacto y me sostengo de unos brazos duros.
—Ten más cuidado donde pisas Princesa.
Frente a mí está la bestia de Luke, sus manos me sostienen de la cintura mientras me da una sonrisa divertida.
Su olor a cuero me envuelve y su cercanía…
—Es una sorpresa verte de nuevo, ¿vienes a que te hagan un cambio de aceite? —Inquiere con la ceja arqueada y una sonrisa sarcástica en sus labios sacándome de mis pensamientos.
—¿Qué?
Lo miro sin entender y él se ríe.
—¿No entiendo por qué es gracioso?
—Todavía no decido si eres muy inocente o tonta.
Abro la boca con indignación y lo alejo a empujones.
—¡Quítame las manos de encima troglodita!
Levanta las manos en rendición y da un paso hacia atrás sin perder su sonrisa.
—Oye, tranquila. Solo estoy bromeando.
Resoplo y me enderezo ajustando mi cárdigan.
—¿Qué haces aquí? —Inquiero antes de darme cuenta.
Arquea la ceja.
—Vine a hacerle mantenimiento a mi camioneta —responde, mira a un lado—veo que estás con Savannah.
—Lo que deberías es mandarla al depósito de chatarra —, espeto, refiriéndome a su camioneta.
—¿No me digas que mi carroza no fue del agrado de la princesa?
Lo fulmino con la mirada
—Debemos volver en un par de horas aproximadamente —anuncia Savannah acercándose a grandes pasos por el lugar.
Se detiene cuando ve a Luke.
—No sabía que estabas aquí —dice en modo de saludo a este.
—Necesitaba hacer unas cosas —murmura.
—Perfecto —sonríe con entusiasmos —¿puedes avisarme cuando terminen con mi Jeep? Estaré en la cafetería con Casey y Arizona tomando algo.
Este me da una mirada rápida.
—Vale, pero debería ser Dariel quien la traiga a mantenimiento —farfulla con el ceño profundo.
Savannah rueda los ojos.
—Ya, no pienso hablar sobre eso —replica alejándose, —vamos Sam, no puedo con tanta testosterona junta —dice haciendo referencia a todos los hombres que están en el taller y ven el intercambio.
Dejamos el lugar sabiendo que todos nos observan, pero no miramos hacia atrás.
Caminamos por La calle y me permito observar todo con más calma.
Hay una tienda de telas y una de libros, pero no veo un salón de belleza.
Pasamos la calle y entramos a una cafetería muy estilo años noventa con piso de granito, sillas rojas y mesas que han visto un mejor tiempo.
Detrás de la barra hay una mujer de unos sesenta años con gesto serio y detrás puedo escuchar las maldiciones de un hombre mientras el olor a carne inunda mis fosas nasales.
En la barra hay dos hombres comiendo que se detienen cuando deparan en nosotras y nos observan sin perder detalle.
—Buenas tardes —, murmuro con una media sonrisa.
La mujer nos da un asentamiento de cabeza.
—¡Savannah! —Escucho el chillido y en el fondo hay una mujer agitando su mano junto a otra que me ve con curiosidad.
—Allá están mis amigas, déjame que te las presente.
—Por supuesto —murmuro siguiéndole.
La primera es baja, de cabello y ojos marrón oscuro. La segunda es más alta, delgada y tiene el cabello rojo, sus ojos café claros me estudian unos segundos antes de torcer el gesto.
—Sam, ellas son Casey y Arizona —presenta respectivamente a cada una.
—Savannah nos habló de ti y tu estadía en su casa —comenta la pelirroja llamada Arizona mientras me tiende la mano para un saludo rápido.
—Sí, mi tía es Mirian.
—Interesante —entrecierra los ojos.
—Yo soy Casey Walker, —habla la otra con una sonrisa genuina mientras tomamos asiento —. Mi hermano me dijo que eras linda, pero se quedó corto.
La miro sin entender.
—Te conoció ayer cuando estabas con Luke.
—Casey es hermana de Aston, —me informa Savannah y hace una mueca cuando dice su nombre.
—Ya.
—¿Así que estabas con Luke ayer? —interviene la pelirroja con interés.
—Sí, él fue muy amable en traerme al pueblo.
Su gesto se vuelve serio.
—Luke es un hombre muy servicial —alarga las últimas sílabas dejando entre ver algo más.
—Sí, por supuesto.
—¿En serio? —Savannah pone los ojos en blanco —, porque la semana pasada dijiste que era un idiota que no sabía apreciar lo bueno de la vida. Que, según tus palabras, eras tú misma.
La mujer le da una fea mirada a Savannah.
Así que esta mujer y Luke…
—¿Qué van a tomar? —Interviene la camarera de mala cara que vi al entrar.
Miro su gafete y parece chiste, pero su nombre es Dulce.
«Qué ironía.»
—Me puede traer un Latte —pido y la mujer me mira feo.
—¿Qué es eso?
—Un café con uno o dos shots de expreso, con leche al vapor y una fina capa de leche espumosa encima, si es leche de almendra sería un detalle.
Miro a las chicas y las encuentro viéndome.
Savannah y Casey me ven con sonrisa contenida y Arizona con desdén.
—Tenemos café negro, café con leche de vaca, y sin cafeína. Recita la mujer con fastidio.
—Dulce, —habla Savannah —descafeinado para las tres, por favor.
Asiente anotando.
—¿Algo de comer?
Niega.
La mujer se aleja murmurando entre dientes.
—¿Qué dije? —Miro a Casey que se ríe bajito.
—No hay ese tipo de cafés aquí, al menos no en esta cafetería —comenta; —sin embargo, en casa tengo una máquina de café expreso a la que mi hermano le llama lady y hace un café divino.
—Entonces, ¿por qué toman café aquí? —miro a Savannah —en la cocina de tu casa también hay una.
Esta se encoge de hombros.
—La experiencia de tomarlo con amigas —dice de forma sencilla dejándome muda.
Asiento y le doy una sonrisa suave.
Eso es nuevo para mí porque mi única amiga es mi propia hermana.
—Pero dejando el tema a un lado —interviene Arizona con fastidio —mañana en la noche es tu fiesta de cumpleaños —dice mirando a Casey —, ¿ya tienes todo listo?
—¡Claro que sí! —Canta está en respuesta cuando Dulce entrega los cafés antes de retirarse en silencio.
—Será fantástico —secunda Savannah.
—Por supuesto que también te espero en casa —me dice Casey tomándome por sorpresa.
—¿A mí?
—Sí, a ti —se ríe —Savannah y Dariel irán así que también te espero.
—Muchas gracias por la invitación —asiento antes de darle un sorbo al café, solo para hacer una mueca de asco al sentir el sabor del mismo.
Desde ese momento las escucho hablar de algunas cosas, por mi parte trato de mantenerme lo más hermética posible y solo contesto con monosílabos. Eso también me da la oportunidad de ver que mientras Casey es dulce y Arizona una mujer soberbia.
La campana suena anunciando que alguien ha entrado y veo como la pelirroja se endereza y echa su cabello hacia atrás.
—Señoritas —canta Luke posando su mano en el respaldo de mi silla.
—¿Y ese milagro de tenerte por estos lares? —murmura Arizona dándole una sonrisa descarada.
Luke tira de una silla de la mesa de al lado y la pone junto a mí antes de sentarse.
—Haciendo cosas —se encoge de hombros—. Por cierto, tu camioneta ya está lista —anuncia a Savannah.
Sus brazos rozan los míos y su olor me envuelve de nuevo.
Arizona lo mira con descaro y de forma instintiva miro a un lado para encontrarme con la mirada de Luke.
Me aclaro la garganta mirando al frente.
—Mi hora de comida ha terminado y debo volver al trabajo —murmura Arizona poniéndose de pie.
La miro con curiosidad.
—¿Dónde trabajas?
—En la estación de policía, soy la asistente del sheriff —anuncia tomando su bolso.
Sus palabras se filtran en mí y lucho por mantener mi respiración y expresión serena.
Eso no es bueno.
—Nosotras iremos a la tienda de conveniencia, por lo último que nos falta para la fiesta de mañana, ¿vienes? —Inquiere Casey dejando un billete en la mesa—. Esta va por mí —nos guiña.
Asiento agradecida.
—¿Te importa si espero aquí?
Savannah niega y veo como una sonrisa tira de sus labios.
—Para nada, ya volvemos.
Arizona abre y cierra la boca cuando Savannah la saca de la cafetería.
Miro al frente y dejo escapar un suspiro cuando quedamos solos Luke y yo.
Le veo.
—¿Sabes que no es necesario que te quedes?
Chasquea los labios.
—Pero quiero hacerlo princesita —replica.
—¿Puedes dejar de decirme de esa forma en ese tono? Bestia.
Resopla una risa.
—Si dejas de llamarme bestia, yo dejo de decirte princesa.
—Bien, ¿te parece mejor neandertal?
—¿Te parece mejor arpía?
—Eres un tonto —susurro.
Sonríe, pero esta vez es una sonrisa genuina.
Me pongo de pie. Pero, él tira de mi mano, llevándome al frente contra su duro pecho y caigo en la silla.
—Sabes, me da curiosidad saber, ¿por qué no puedes sacarte el palo que tienes atravesado en el trasero?
—Eres tan vulgar —susurro indignada, pero a él parece no importarle.
—Y tú, tan superficial que casi asusta —susurra a centímetros de mi rostro, su mirada va de mis ojos a mis labios—. Eres hermosa, pero una cáscara vacía.
Sus palabras me golpean y me enoja porque no me conoce.
—No sabes nada de mí —respondo en voz baja y seria.
—¿Ves que jode que te juzguen sin conocer?
Entrecierro los ojos.
—Eres…
—¿Sí? Dilo, deja que te escuche.
Me alejo y lo veo mientras pongo mi cabello detrás de mis hombros.
—No digo palabras de alto impacto, no es mi estilo.
Es cierto, por lo general tiene que pasar algo muy difícil para que pueda decir alguna mala palabra.
—¿Palabras de alto impacto? —repite—. Dios, eres un caso perdido.
—Pues así soy —, me encojo de hombros —como diría Taylor Swift: Soy mucho más feliz siendo quien soy.
—Ya —, asiente sin perder su expresión.
—Creo que debería ir con las chicas…
—¿Huyes de mí?
—¿Qué? ¡No! —Bufo intentando sonar tranquila.
—Mentirosa —golpea la punta de mi nariz de forma delicada con su dedo.
—No soy una mentirosa —me pongo de pie sosteniendo el bolso contra mí y levantando la barbilla—. Será mejor que espere a Savannah afuera…
—Hay mucho sol y el calor es infernal.
—Bien, prefiero morir quemada bajo el sol que esperar contigo —anuncio, alejándome enojada conmigo por dejar que ese hombre me saque de mis casillas.
Por lo general soy una mujer tranquila, pero Luke saca a relucir una parte que desconocía en mí.
Aunque debo admitir que me entretiene un poco estos intercambios.
Niego con incredulidad.
Salgo de la cafetería con una sonrisa que no sé de donde viene.
O ¿sí?