Chapter 6 El ataque de las gallinas.

Chapter 6 El ataque de las gallinas.

La mañana siguiente entro a la cocina donde Mirian está haciendo el desayuno.

Ellos empiezan sus jornadas muy temprano y para cuando yo me levanto, ya están desayunando para continuar con el trabajo.

—Eso huele delicioso Mirian.

Ella me da una sonrisa, la mujer es callada pero muy buena conmigo.

Eso no lo niego.

—He cortado algo de fruta para ti y también yogur.

—Me estás malacostumbrando —cuchicheo y ella solo ríe, pero la misma muere cuando mira hacia un lado—. ¿Qué ocurre?

—Rayos, Lorna no recogió los huevos y ya se fue al mercado—. Titubea —¿puedes ir por ellos?

Abro los ojos como platos, sé que ve mi horror.

—y si me muerden —susurro y ella lanza una carcajada.

—Sam, las gallinas no muerden —dice mientras niega— por favor, no te lo pediría si no fuera importante porque ya están por llegar a comer.

Ve que titubeo.

—Por favor —, ruega.

—Bien, —accedo. —Pero me debes una.

—Por supuesto… sobrina.

Bufo.

Salgo seguida de Chanel llevando pantalones de deporte hasta mis pantorrillas en color negro y un top a juego porque pienso salir a correr un poco por los alrededores.

Cuando llego al gallinero que está dentro del cercado me detengo en seco porque no sé en qué estaba pensando al aceptar venir.

Chanel corre de un lado al otro.

—¿Qué rayos te pasa? Compórtate —ella responde con un ladrido y la miro con seriedad, pero ella sigue quitada de la pena.

Avanzo con cautela y doy un paso dentro del gallinero solo para salir de ahí con arcadas.

Jadeo y ahogó las arcadas ante el olor a excremento que proviene de ese lugar.

—¡Por Dios! —Jadeo con los ojos llenos de lágrimas y escupiendo.

Niego y respiro profundo para poder hacer la tarea que me encomendaron.

Ignoro a las personas que me miran alrededor, me enderezó.

Me adentro al gallinero y conteniendo la respiración, tomo los huevos donde no hay gallinas echadas. Cuando no puedo aguantar más la respiración, aspiro por la boca.

Llegó al final dónde hay algunas gallinas alrededor y me acerco solo para detenerme en seco cuando me miran.

Sí, me miran.

—Gallinitas —canturreo —clo, clo, clo—. Susurro cuando hacen un sonido ronco.

Se acercan cacareando e intentan atacar mis piernas.

—¡Oigan! —Les riño al tiempo que miro a mi lado buscando a Chanel, pero esta ya corre hacia la salida.

Traidora.

A mi suerte, empiezo a retroceder huyendo de las picadas y piso a una sin querer, está vuela golpeándome con su plumaje y es todo lo que puedo soportar. Dejo la cesta en el suelo y salgo corriendo mientras grito asustada ante el taque de las gallinas.

—¡Quítenmelas!

Afuera del gallinero me sacudo y salto en mi lugar.

—¡¿Qué coño?! —Escucho una voz ronca mientras siento pasos.

Unos brazos me zarandean y mis gritos cesan cuando veo a Luke con cara preocupada viendo alrededor.

—¿Qué ocurre? Acabo de ver a Chanel salir de aquí como alma que lleva el diablo.

«Ella y yo ya arreglaremos cuentas.»

—Marian... Mi tía —me corrijo, —ella me pidió que recogiera los huevos y las gallinas me atacaron.

—¿Qué? —Me mira con incredulidad

—¡Sí! Querían morderme y una voló para atacarme.

Veo como sus ojos se abren mientras se muerde el labio antes de resoplar.

—Princesa, las gallinas no pueden volar, aletean y saltan a una altura considerable —parpadeo ante sus palabras —, y tampoco muerden, picotean.

—¡Lo que sea! —chillo con histeria, —ellas me han atacado y no pienso entrar a ese lugar de nuevo.

Asiente y se aclara la garganta conteniendo la diversión.

—¿Dejaste algo dentro?

Asiento.

—La cesta con huevos.

Se ríe entre dientes.

—Está bien, yo iré por ella.

Entra y escucho el cacareo de las gallinas antes de ver a Luke salir del lugar sin problemas cargando la cesta con los huevos.

—Toma.

—Gracias —murmuro apenas sintiendo mi cara ruborizada por la vergüenza.

Tomo la cesta, pero él no la suelta; en cambio, pregunta:

—¿Necesitas algo más? —espeta antes de soltar una risa.

Se acomoda el sombrero.

—Eso, ríete de mí, yo no tengo la culpa de estar rodeada de animales salvajes y no hablo solamente de los cuadrúpedos.

—Acabo de salvarte del ataque de las gallinas y, ¿es así como me pagas?

—Tú empezaste.

Habla entre dientes, pero no le entiendo.

Hace a un lado la cesta tomando por sorpresa antes de que choque contra su pecho y su respiración se mezcle con la mía.

Me humedezco los labios y abro la boca para decir algo, pero el ladrido de Chanel nos llama la atención y la veo corriendo con el perro de Luke.

Me aclaro la garganta.

—Puedes hacer el favor de alejar a tu mascota de mi Chanel.

—Por supuesto, créeme, yo no quiero que Draco se meta con cualquiera —, sentencia haciéndome abrir la boca con indignación.

—¿Por qué te caigo mal?

—Eso mismo me pregunto yo, ¿acaso te cae mal sentir atrición por un simple vaquero?

Faltaba más.

—¡Claro que no!

—No, ¿qué?

—No te da vergüenza admitir que te gusto o no te caigo mal.

—Eres un bruto

—Si como sea —me libera a mí y la cesta.

—Sabes que, si tanto te desagrada este lugar, deberías recoger tus cosas e irte de aquí.

Me mantengo firme ante sus palabras.

—Dariel debería tener más cuidado con quien deja entrar a su casa —, continua —es una lástima que Marian tenga a una sobrina tan soberbia que se cree mejor que los demás.

—No me conoces —susurro.

—Ni me interesa —replica antes de maldecir —¿ves? Sacas lo peor de mí.

Aunque parezca tonto, sus palabras han dado justo en el blanco porque es lo mismo que piensa mi padre de mí.

Que soy una mujer vacía y superficial.

Me doy media vuelta y me alejo.

—¿Qué? ¿No piensas darme réplica?

No respondo, solo continuo mi camino sintiendo una extraña sensación en la boca del estómago.

Cuando entro a la cocina, Mirian me estudia y me da una sonrisa.

—Muchas gracias, Sam —la toma y revisa.

—No hay porque darlas —, murmuro.

Chanel me sigue de cerca, esta vez sola.

La puerta corrediza a medio abrir se abre por completo para darle la entrada a los vaqueros que de inmediato dan los buenos días y toman asiento en la larga mesa de madera que está dispuesta en la cocina.

Mirian se apresura a dejar la cesta en la encimera antes de comenzar a llevar los cuencos con comida hacia la mesa.

Cojo a Chanel y la acaricio mientras veo como ella y algunos vaqueros dejan todo en la mesa.

—Solo faltan los huevos —anuncia—. Lorna se fue sin recogerlos, pero Samantha los busco para ustedes, así que agradezcan.

Un coro de gracias se oye en la cocina y me hace sonreír.

—Me sentí como Charlize Theron en Atómica—. Me mofo y la carcajada es ensordecedora.

Jeff, el capataz de Dariel me da una sonrisa amigable que termino devolviéndole.

Siento la mirada de alguien sobre mí y en la puerta del jardín a la cocina está Luke viendo el intercambio.

Miro abajo y veo la cabeza de Draco viendo a Chanel y lloriquea.

«Lo que me faltaba.»

Me siento una mala persona y el chucho parece triste.

Ignoro al dueño y bajo a Chanel que corre hasta Draco antes de perderse en el jardín.

Sí, soy una blanda con corazón de pollo.

Una rápida mirada a Luke me permite ver que sonríe y al mismo tiempo creo que quiere decir algo, pero me doy media vuelta y me alejo.

Choco con Dariel y Savannah que están por unirse al desayuno.

Ellos tienen un comedor formal, pero siempre desayunan con los vaqueros mientras hablan de trabajo.

—Buenos días, Sam —espeta este—. Espero que esta mañana nos acompañes en el desayuno.

Asiento acercándome a Mirian que está sirviendo los huevos en un cuenco.

—Yo lo llevo —, susurro tomándolos sin esperar respuestas.

Dejo el cuenco en la mesa y Savannah se acerca mientras Dariel saluda a Luke y hablan en voz baja.

—Me preguntaba… —susurra Savannah —¿ya tienes que ponerte para esta noche?

Tomamos asiento en la gran mesa con los demás mientras hablamos.

—No, aún no —la miro al tiempo que me sirvo un poco de zumo.

Dejo la jarra y sonrío emocionada.

—¿Necesitas ayuda? —aplaudo con entusiasmo, ella hace una mueca y se sonroja—. Voy a dejarte hermosa.

—Nada exagerado.

Ruedo los ojos.

—Vale, lo que digas.

Niega con una sonrisa bailando en sus labios.

Frente a mí, toma asiento Dariel, pero Luke no lo hace.

De hecho, ahora que lo pienso, él nunca come con los vaqueros.

—¿Por qué Luke no come con el resto? —Mi pregunta deja la mesa en silencio —¿Qué? ¿Dije algo malo?

—No —, Dariel es el primero en abrir la boca. —Luke tiene otras que hacer… sus actividades son diferentes.

—Claro —susurro y echo un vistazo alrededor viendo como todos se remueven incómodos

Me concentro en mi desayuno, pero las palabras de Dariel no me dejan y para ser sincera, no me convence esa verdad.

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