Salvador fiel a su palabra, paso por mí para el almuerzo.
Realmente quería decirle que siempre no. La espalda me duele horrores y tampoco quería darle pie a que pensara algo más.
Pero, no. Mi maldito orgullo herido pudo más. Y, ahora estoy aquí, compartiendo mesa con un hombre que no me gusta.
—¿Te gusta el lugar que escogí?
Miro alrededor, más de una persona me mira.
Visto de manera informal.
Miro a Salvador vistiendo un impecable traje.
Oculto una sonrisa porque me vestí de esta manera a posta.
Quería probar si el hombre se ajustaba a sus citas o era, al contrario.
Esperaba que las mujeres se acoplaran a...