La deseaba tanto, que no me di cuenta cuando comenzó a ser indispensable para mí y mi existencia. Aún recuerdo aquella vez que nos conocimos, cuando ahogada reprimió un gemido en plena clase y fingió que su compañera de banco la había golpeado. Desde que le permití entrar a mi vida y vivlerme loco, no había podido tomar consciencia de cuánto se estaba aferrando a mi pecho y cuánto me estaba destruyendo la vida ¿Pero saben qué? No me arrepiento de nada. Si, perdí un matrimonio, perdí la mujer que una vez amé. Quizás no tanto porque fue tan fácil dejarme envolver por sus palabras, que cuando quise darme cuenta,...