Había llegado el maldito día en el que tendría que fingir ser la novia de Nacho frente a sus padres, sus hermanastros en el Palacio Rojo, lo cual no me molestaba ir al sitio, si lo hacía el tener que ir por una mentira, pero la culpa era tan solo mía.
Nacho me había llamado para comentarme que debía ir lo más elegante posible, por lo que me puse a buscar entre todos los vestidos “de gala” que tenía cuál era perfecto para la ocasión. La primera elección tenía que ver con un vestido negro bien de satén que se amarraba al cuello, dejando toda la espalda descubierta y de...