Habían alquilado una casa quinta para hacer la fiesta y la música estaba tan alta que se podía escuchar a dos cuadras de distancia. Santiago estaba tan ansioso por conocer a Solange que si quiera se había molestado en pasar por mi a la casa y la verdad que agradecía muchísimo eso.
Ni bien ingresé al lugar, pude divisar alrededor de cincuenta personas en el patio y otras tantas en la pileta. Había luces de todos los colores y una barra con un barman que realizaba tragos a pedido.
Atravieso el inmenso jardín y me dirijo hacia el living dónde por suerte encontré a Daniela.
Ella me contó que Santiago...