Todo estaba completamente decorado tal cual como Evangeline lo quería, rosas rojas adornaban las mesas, velas que hacían juego con todo el salón, el blanco y el dorado también eran colores que predominaban. El gran día de Darién y Evangeline por fin había llegado y todos estaban a pendiente de la boda del nuevo magnate del pueblo y de aquel dios que alguna vez le negaron su reino.
Evangeline se estaba cambiando con la ayuda de todas sus damas de honor, tanto es así que ni siquiera puede contarla con los dedos de su mano, y le gustaba ver toda aquella fraternidad que había formado con todos aquellos dioses. Charlotte...