Por tercera vez consecutiva desciendo a la tierra, exactamente en el patio de una casa, el humo y el olor de una parrillada llego a mis fosas nasales, amaba la comida humana, a pesar de eso no era necesario que yo comiera ya que no me da hambre por ninguna circunstancia. Con cada paso que daba, la grama sonaba bajo mis pies cubiertos por zapatos.
Poco a poco puedo ver a las personas que realizaban aquella parrillada, hablando de forma amena y entre risas hasta que notan mi presencia y de inmediato se colocan en posición de ataque, la gracia que ellos tenían le permitían ver que era algo diferente....