En tus brazos yo aprendí.
Él se mordió el labio inferior tan pronto vio que al juego se sumó otra mujer y no porque la chica se veía muy sexi, sino porque Aby se mostró muy desinhibida al momento de tomar el mentón de la joven y comerle la boca de un beso.
—Dios, qué mujer.
Se le hacía agua la boca al verla besarse y tocarse por todos lados. Quería arrancar la cuerda que lo mantenía lejos suyo y saltar sobre su cuerpo, para abrirle las piernas y perderse en ellas.
Todo el camino recorrido, todo por lo que había pasado la había hecho crecer como mujer y comprender...