Carcajeo con la poca fuerza que le quedaba en su cuerpo tan pronto cayó sobre la cama.
Como dos locos animales empezaron a arrancarle la ropa interior, las tiras que adornaban su cuerpo las habían roto por la mitad y ella sonreía con el deseo en los ojos.
Martín no esperó para meterse entre sus piernas y empezar a besarle su intimidad con devoción, en tanto Dante fue directo a sus senos los que apretó, golpeó, pellizco, chupó y mordió sin medir fuerza alguna.
El dolor era placer y ella lo disfrutaba al máximo.
Ambos estaban dispuestos a hacerle pagar lo que le habían echo y en ese sentido, se...