-¿Sabes? A mi si me hubiera encantado que fuera una fiesta de disfraces.
—¿Si? ¿Y de qué o quién te disfrazadas?
No necesitaba pensarlo, sabía muy bien la respuesta.
—Sería un lobo. Porque así podría devorarte como deseo.
Ambos carcajean y ella mientras se acomoda las pestañas postizas, él se coloca de atrás y al verla en posición inclinada, con los glúteos bien empinados, es que levanta su falda y empieza a acariciarlos.
—Amor, no podemos llegar tarde —advierte pero a él poco le importa llegar tarde.
Se hace a un lado, desabrochar el botón de su Jean, le baja el cierre y libera su erección.
Se vuelve a acercar,...