Los ojos de Aby se clavaron en el hombre que mecía sus caderas hacia delante y hacía atrás, mientras escuchaba cómo Dante la motivaba a disfrutar, le susurra cuan hermosa era y qué tan duro era capaz de ponerlo a él y al extraño.
—Así bonita..., gime para nosotros, muéstrale lo que tienes ahí — y abre más los labios de su vagína haciendo que el tipo pueda enterrar más carne en ella.
Él no era ajeno a las ganas que sentía ese desconocido por ir más allá con su chica y fue solo asentir con su cabeza para que avanzara hasta tomar su rostro y rozara sus labios, en...