Sam está al frente de la puerta principal del apartamento y lo toca, nadie abrió, volvió a tocar, pero despacio y abrieron la puerta, era Antonella, miraba a Sam de arriba abajo.
«¡Dios mío! Ojalá no piense otra cosa», piensa Samantha.
—Pensé que te habías venido con Ale —está extrañada y se hace a un lado para dejarla pasar.
—Si, yo... No sé, ¿está aquí? —ella no sabía qué decirle y estaba algo apenada.
—Debería estarlo —cierra la puerta y se voltea para ver a Sam— Sucedió algo malo? —ladea su cabeza confundida.
—Señora Libertella, en verdad no lo sé, ¿me puedo quedar? —Antonella asintió.
Sam se voltea para dirigirse...