La noche estaba avanzada cuando Ricardo finalmente pudo salir de su trabajo. La doctora Clarisse estaba empeñada en hacerlo perder el control y hacerlo renunciar, o bien, hacerlo caer en su sucio juego. Pero Ricardo tenía nervios de acero y no le tenía miedo. Podía resistir si él se lo proponía. Esa noche, Ricardo necesitaba tanto mis brazos reconfortantes como yo los de él, y a pesar de lo cansado que se encontraba, manejó hasta el departamento de Christopher para verme un poco.
—Ricardo, te hubieras ido a descansar, mañana ambos entramos a las siete de la mañana… Bueno, pasa, pasa hombre… Así descansarás lo antes posible… Mañana te llevaré...