Chapter 2 2.APARECE UN ÁNGEL

Chapter 2 2.APARECE UN ÁNGEL

Lo que no sabía Mariana era que Andrea en su habitación estaba sumergida en ese cuadro, había dejado de mirarlo desde hace algún tiempo, estaba agotada porque le había costado sacarlo del sótano.

Era la primera vez que miraba esa pintura que por pura casualidad había encontrado, en realidad deseada conseguir su vieja muñeca que alguna vez estuvo en su habitación y ahora la extrañaba por ser un regalo de su padre. Pero la enorme pintura con la firma de su padre captó por completo su atención.

¿Acaso su madre sabía de la existencia de dicho cuadro?

No lo sabía.

Pero ella de verdad estaba maravillada por lo que estaba observando, no podía dar crédito a esa maravillosa obra, nunca antes había mirado algo que le llamara tanto la atención esa pintura le gustó demasiado al punto de querer intentar pintar en ese preciso momento. Entonces en ese instante se estaba preguntando si posiblemente habían pinturas o materiales en el sótano para ella intentar a echar andar su imaginación y crear algo como su papá.

No estaba segura de nada y tal vez debía primeramente pedirle permiso a su madre para hacer eso, pero no lo hizo. En verdad no le gustaba estar en el sótano, porque todo a su alrededor estaba oscuro y esa sensación de que podía aparecer en cualquier momento un monstruo, pero a pesar de todo era una niña muy valiente por avanzar en busca de lo que quería, se ayudó un poco con una linterna para iluminar a su paso el camino, que parecía estar más sombrío que antes. En ese momento escuchó ruidos, pero sabía que solo podría tratarse de algun roedor.

No, no se detendría. Al hombro en alguna parte de ese lugar y se dio cuenta de que había antes de pintura a la parte un maletín grande de madera, estaba vacilante si abrir o no ese objeto gigantesco. ¿Y si habían más ratas adentro? Igual lo haría.

—¡¿A dónde se supone que ha sido Andrea Boughen?! —el repentino grito de su madre la hizo dar un respingo debido a la sorpresa y rápidamente salir del sótano escaleras arriba, encontrándose a su mamá con las manos en la cadera, ya sabía Andrea que estaba un poco enojada —. ¿No te he dejado lo suficientemente claro que no vayas al sótano? Hay bichos...

—Mamá, lo siento. Lo que pasa es que yo solo quería encontrar algunas pinturas.

Mariana claramente estaba confundida por lo que le estaba diciendo y la miró arrugando el entrecejo, tratando de averiguar la razón por la que su hija quería conseguir pinturas en un sótano. No es que había olvidado que su esposo anteriormente pintaba mucho, pero es que su hija nunca había estado interesada por el arte y todo ese tipo de cosas. Por eso su expresión.

—¿Puedo saber por qué quieres pinturas?

—Porque quiero convertirme en una pintora profesional, mamá —le dijo con decisión y a su mamá se le cristalizaron los ojos.

No tardó mucho tiempo en ponerse a su altura y alargar la mano para acariciar sutilmente su mejilla, era tan bonito ver a un niño con ilusiones, sueños... y su pequeña ya había atrapado el suyo, pero se ponía demasiado sentimental porque probablemente estaba haciendo todo eso porque su padre también pintaba y eso la llenaba de mucha emoción.

—Vale. Realmente es algo muy bonito que ya sepas lo que vas a hacer de grande. Pero... ¿Es posible saber el por qué?

—Porque encontré un bonito cuadro de mi padre y lo tengo en mi habitación, tiene su firma a menos que sea otra persona que se llame igual.

Su madre abrió los ojos de par en par al saber que su hija había sacado del sótano una pintura... ¿cómo era posible que había podido traerla consigo? Pesaba mucho. Ciertamente se acordaba de alguna de las posibles pinturas de la que su hija estaba hablando. Ya que ella había estado presente cuando su esposo las guardó en el sótano para abrir un poco de espacio en alguna otra parte de la casa.

—¿Has cargado eso sola? Deberías tener un poco más de cuidado, es peligroso —le estaba diciendo con cariño, porque lo más importante para ella era la seguridad de su hija, pero aparentemente estaba bien y no había sido la gran cosa sacar una pintura del sótano.

Es lo que pensaba.

—Sí, es muy bonita, mamá. Tienes que verla.

Mariana sabía que en el momento de ver la pintura se pondría llorar y por eso lo dejó para después pidiéndole a su pequeña que bajara a comer o la comida se iba a enfriar.

Así que Andrea como una chica valiente, obedeció a su madre y primeramente bajó para ingerir su comida. La cena estaba muy rica y es que su madre era muy buena cocinando. Así que se sentía bastante afortunada de tener una mamá que le preparaba sus platillos favoritos y encima lo hacía muy bien.

—Me gusta.

—Bien, me gusta que te alimentes bien, come, hay más por si quieres —le recordó.

—Gracias, mamá —dijo enseñando una sonrisa y Mariana acarició su coronilla antes de seguir engullendo junto a ella.

—No te preocupes. Me ayudas a lavar los trastes, eh —le pidió.

—¡Lo haré! —le exclamó y es que una de las cosas favoritas de Andrea era ayudar a su mamá.

Al rato terminaron de comer. La cocina quedó reluciente después de trabajar en conjunto y otra vez estaba Andrea ansiosa por mostrarle la pintura de la que estaba hablando a su mamá. Por supuesto no era consciente de la carga emocional que eso ocasionaría a su mamá.

Ya se encontraban de camino a la recámara. Mariana miró ese campo, el cielo, a la lejanía una banca, la sombra de una pareja. En ese sitio había sido su primera cita con Carlos.

Y ella era muy pequeña para entender profundo significado que tenía esa pintura, qué con solo mirarla ahora le estrujaba el corazón.

...

Naturalmente el tiempo siguió su curso y no pararon de llegar bolas curvas a la vida de Andrea, quién tuvo que pasar otra vez por la triste vivencia de perder a su mamá, ella se dejó vencer por una depresión profunda de la que ningún especialista la pudo ayudar, ya que ella tampoco ponía de su parte y nunca se recuperaba del todo, su salud mental decayó cada día con mayor intensidad.

Y como resultado, después de dos meses de la muerte de su padre, su mamá también se había ido del mundo dejándola sola. Una tía lejana de su madre, evitando que fuera a un orfanato o que quedara bajo los cuidados sociales del estado, se hizo cargo de ella, asegurando que la cuidaría como si fuera su hija.

Su tía Ana era una mujer que después de perder a su esposo, decidió quedarse soltera. Lamentablemente nunca tuvo un hijo pero ahora tenido la oportunidad de estar acompañada con Andrea. La verdad es que la pequeña había caído en buenas manos.

Al menos nada me faltaría.

Ana miraba con tristeza a su sobrina, que pese a todo lo que había ocurrido en su vida en tan corto tiempo, se mostraba activa. Sí, aún habían ganas de vivir en ella, pero necesitaría de mucho amor y comprensión para compensar todo el sufrimiento por el que estaba pasando.

—¿Te parece buena idea si te muestro tu habitación? hace poco tiempo terminé de pintarla y espero que te guste —le dejó saber y ella asintió.

En mingún momento se soltó de la muñeca que había llevado con ella. Lo más bonito de todo es que al entrar a la habitación en la que iba a dormir, le llamó la atención el enorme cuadro de su padre que había sido colgado en una de las paredes. Hasta se puso a llorar, conmovida por ello.

Ana la abrazó.

—Está bien chiquita, llora todo lo que necesites, pero prométeme que no lo harás a menudo. Mira que no te quiero ver triste. Eres muy hermosa para ello, eh.

—Extraño a los dos. Papá y mamá...

Verdaderamente le rompía el corazón verla así, ella también deseaba poder retroceder el tiempo. Lamentablemente eso no era posible, y solo le quedaba mirar al frente y esperar un mejor porvenir. Nada más que eso, en medio de tanta tempestad.

—Y yo, pero lo que me hace sentir mejor es que lo recuerdo con cariño a los dos, aún si no pasamos mucho tiempo... Tengo muchos recuerdos. Apuesto a que tú también. A mis cuarenta y cinco, tengo bastantes recuerdos pero estoy segura de que tú también, ¿no es así? —le limpió las lágrimas con sus pulgares y ella asintió.

...

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