Cuando Christopher abrió la puerta de su apartamento, todo era perfectamente visible, porque los grandes ventanales que lo rodeaban, permitían una completa entrada de luz solar. La forma circular de la construcción era espectacular, ya que dejaba ver la gran terraza que rodeaba el apartamento. La terraza tenía una bellísima vista al mar, un pequeño bar para las reuniones, una parrilla, muchas plantas y algunos sillones para sentarse a observar el mar con paz y tranquilidad. Aquél lugar parecía un santuario de paz.
A pesar de la energía de calma que vibraba en ese sitio, Christopher me confesó que a menudo él pasaba sus noches de soledad admirando el mar;...