Tomé con timidez la mano del director, ya que, de cierta forma, había generado en mí una extraña confianza. No sé cómo explicarlo, pero, lejos del miedo y la intimidación que naturalmente me debería provocar una persona tan importante, él me daba una sensación de amabilidad y seguridad. De una forma, sentí que él nunca me juzgaría como el resto de las personas.
Al bajar de su camioneta, él colocó mi mano sobre su brazo y me dirigió hacia Christopher , quien nos esperaba a mitad del lugar. Me di cuenta de inmediato que no íbamos exactamente a desayunar, sino que me habían preparado otra sorpresa… O, si desayunaríamos ahí,...