Ya era la mañana de navidad, y cada uno durmió en una habitación diferente. Christopher fue el primero en despertar, pero la casa estaba muy silenciosa, así que decidió no despertar a nadie y dejarlos descansar un poco más. Christopher comenzó a preparar un desayuno para sus amigos y el aroma atrajó a Rachel como un ratoncito a la flauta de Hamelín.
―Huele delicioso… ¿Qué es?
—¡Ah! Solo son unos waffles, huevos, tocino y salchichas.
―¡Ay! Ya se me abrió el apetito…
—Bueno, ya casi está… Pero no quiero despertar a Ricardo…
―Iré a ver si ya anda levantado…
Cuando Rachel se acercó a la puerta de la habitación donde...