Mientras Christopher trataba de tranquilizarme, permitiendo que me desahogara en sus brazos y buscando explicarme que no debería confiar tanto en las palabras de la Dra. Clarisse, ya que ella también tiene cola que le pisen, Ricardo intentaba aclarar cuentas con la susodicha y malévola jefa.
―Clarisse, ¿Qué diablos pasa contigo? ¿Qué le has dicho a Rachel para que esté llorando desconsoladamente? ¡Tú no tienes límites! —gritó Ricardo, entrando a su oficina y azotando la puerta con violencia.
―¡Fíjate cómo me hablas! ¡Que sigo siendo tu jefa! ¡Solo le dije que tengo evidencia suficiente para despedirte…! Eso es todo… —aseguró la Dra. Clarisse, poniéndose nerviosa por la violenta entrada de...