SIMPLEMENTE, TE AMO
Finalmente, el gran sueño de Christopher se estaba cumpliendo. Rachel lo acariciaba con su mano y él podía acercarse con seguridad y confianza a sus enrojecidos labios. Los labios de Christopher ardían como el mismo fuego, y palpitaban de deseo por los sagrados besos de Rachel. Esta vez Rachel había confesado que Christopher le gustaba y por eso Christopher dejó su alma en aquél beso.
Tomó el terso rostro de Rachel con una mano y con la otra sujetó su cintura. Luego la acercó poco a poco hasta él, respirando el aliento de Rachel con sus labios. Sus inocentes labios que nunca habían besado a una mujer...