***Rosalía***
Se inclina y me besa nuevamente, alejando mi frustración a un lado, ahora este momento no es de las cosas inmaduras que hace Alexandra, esto se trata de mi relación con mi esposo. Sus labios exigentes, firmes y lentos se acoplan a los míos. Empieza a levantarme la camisa, despojándose de ella sin dejar de besarme. Se aparta un poco y me observa con esos ojos oscuros; esos ojos llenos de deseo, esos ojos que piden a gritos ser saciados de placer.
—Rosalía… —jadea—. Debes de olvidar por un momento a Alexandra, ella está bien y por lo pronto no saldrá de su casa.
Me rodea con sus brazos,...