—Oye, ¿dónde vas? —de la nada mi amigo aparece frente a mis ojos, me relajo por ello.
—Quiero ir al tocador, ¿puedo? —lo último sonó demasiado tosco, y él sabía el motivo de mi comportamiento.
Falta de sexo…
—No se preocupe, yo la acompañaré —¡madre mía! ¿Está detrás de mí? Cierro mis ojos y maldigo por dentro, ¡no entiende que estoy huyendo de él porque la fiera que tengo dentro se lo quiere comer!—. Vamos, su amigo la puede esperar en el lugar donde estamos o esperar aquí.
—Sí, a ella le gustará su compañía —dice con un tono de humor.
Maldito, como se atreve a delatarme.
Asiento, y con...