De repente siento una mano posándose en mi nuca, estrujándome hasta sacarme un gemido de dolor. Harper se reincorpora y me jala hacia el sillón.
—Harper —musito.
—Arrodíllate, encima del sillón de terciopelo—ordena.
Asiento con la cabeza, pero antes de cumplir su orden me quito mis bragas de encaje, y en par de segundos me encamino al sillón, arrodillándose encima de él, posando ambas manos en el respaldo, empinando mi culo en dirección de Harper.
En un solo movimiento siento sus manos apretar mis nalgas, para luego azotarlas con la palma de su mano, una y otra vez. Grito. Siento el ardor en mis nalgas. En un momento dado, un...