— Lamento haberte regañado esta tarde — dice.
— Está bien, creo que lo merecía, pero ella también me golpeó — respondo.
— Está bien, no quiero discutir sobre eso, pero yo también te extraño — dice.
— Lautaro, tienes que escucharme — le pido.
— Briana, en serio, por favor, no empieces — ruega, elevando el tono de voz.
— Lo digo por tu bien, ella no es de fiar ni nada — insisto.
— Lo sé, sé que no es de fiar — admite.
— Entonces, ¿por qué sigue aquí? — pregunto cruzándome de brazos y sentándome a su lado.
— Será solo hasta que ella consiga un...