—¿Qué? —preguntó confuso y con una sonrisa burlona, la cual se apagó cuando dije:
—Estaba mirando a Matías.
Y lo deje con una cara sorprendida y el ego en el suelo.
Por más bonito que seas niño, no me vas a ganar siempre.
En la tarde estaba haciéndome nebulización, me había enfermado. Desde el momento que había ido al paseo con Matías, el cambio brusco de clima: me había asesinado.
Literalmente.
No podía dejar de tener una servilleta en mi nariz, sino goteaba: por más horroroso que suene. Encima estaba sola, mamá y papá estaban en una reunión escolar.
Además estaba en mis días.
Tenía dolor de espalda, de ovarios,...