Stella
—¡¿Qué demonios me hacen?! —grito.
Me hallo cayendo en un profundo abismo en donde la luz carece, y en el cual mis ojos no parecen tener protagonismo. La caída parece no tener fin. El corazón me late aceleradamente, y siento que en cualquier momento mi alma saldrá de mi frágil cuerpo, abandonándome en la nada.
—Chienne! —Escucho a lo lejos de ese pozo sin fondo, la voz de mi amigo Johnvid.
Me hace despertar de sopetón, tomando todo el aire que me es posible.
Ahí está él, sentado frente a mí.
Miro a mí alrededor y me percato de que me encuentro en una habitación. La cabeza me martilla...