Recostada en la cama de mi habitación, pienso en todo lo que he vivido con el dios del inframundo.
Sus caricias son cómo una droga; su sonrisa... mi perdición.
Se a metido en mi piel de maneras las cuáles nunca pensé posibles. Se a impregnado en cada una de mis células de forma permanente.
¿Cómo se puede llegar a querer tanto a una persona?
¿En qué momento se convierte en alguien indispensable en tu vida y en tu corazón?
Bueno, creo que así es el amor; y así se siente... enamorarse.
Constantine había sido la primera persona en tocarme, en acariciarme y en estar conmigo de aquella manera; y no...