Gina dio un gran suspiro de alivio cuando observó a Iris alejarse, sus manos aún le temblaban. Volvió la mirada hacia Helena, quien ajustaba el arco en su espalda antes de prepararse para partir. Con voz llena de gratitud expresó.
—Gracias, Helena. No sé qué habría sido de mí si no hubieras llegado.
Helena la miró en silencio durante unos instantes y, sin decir palabra alguna, comenzó a caminar. Gina, sintiendo la necesidad de hablar con ella, salió corriendo detrás de ellas.
—Helena, por favor, espera. —Suplicó con voz agitada—. De verdad, si no hubieras intervenido, no quiero ni pensar que me hubiera hecho esa loba desquiciada.
Helena se detuvo...