Maya estaba en estado de alerta constante; habían transcurrido apenas dos días desde el arriesgado rescate, y sus ojos apenas habían conocido el descanso. Temía un posible ataque a la manada.
Las mujeres rescatadas se habían adaptado rápidamente a su nuevo hogar. La libertad recién recuperada les llenaba de felicidad, y poco a poco comenzaban a dejar atrás los traumas del pasado, Galilea se mantenía ocupada en la mansión, brindando su apoyo a Maya.
Maya se encontraba en su despacho cuando, de repente, recibió una inesperada llamada de uno de los guardianes custodios de la entrada de la manada.
—Beta Maya, el alfa Sander se encuentra en la entrada con...