Sasha se dirige al pueblo donde estaban escondidos Teressa y Charles.
—No se puede tener intimidado en este lugar con tus hijos por ahí—refunfuñó Charles.
Teressa se levantó y se acercó con un tapado de piel a Sasha.
—¡Hijo mío!—exclamó Teressa yendo a abrazarlo.
—Olvídalo—sospechó Charles desganado.
—¿Qué te trae por aquí, hijo? ¿La mortal sigue en coma?
—No, por suerte ha despertado.
—Entonces supongo que ya está lista para hacerme el favor del que les hablé...
—No tan rápido. He venido por algo más, madre.
—Porque has venido, hijo mío? La cura ya ha salido de peligro, ya sabemos que Enzo fue el artífice de esa artimaña, ¿que más...