-¡No espera acaso me dejaras aquí?-pregunta Mateo con los nervios de punta.
-Claro porque dejar una imundicia como tú vagando por la cuidad.
-Callate, y ve rezando por tu vida-Dice Pedro con un arma blanca en sus manos.
-Pedro ya deja la estupidez y acaba con el de una-Procuro a este hijo de loba el cual habla más que una cotorra.
-Si señor- acepta Pedro en un puchero.
Faltaba poco para que Pedro incrustara su puñal en el tórax de Mateo, cuando una idea repentina invadió mi mente, y fue hay donde mi voz resonó por todo el lugar.
-No lo hagas-lo detengo y el me mira con extrañeza.
pero...