En cuanto él vio en sus manos el doble dildo anal, un frío le recorrió el cuerpo por completo y la sonrisa maliciosa en el rostro de ella le anticipó que lo que se vendría sería algo extremadamente excitante para ella.
A horcajadas en la cama desanudó las cuerdas que mantenían amarrados sus miembros inferiores y luego volvió anudar la de la mano que le había dejado libre.
- Levanta las piernas. – le dijo y él lo hizo, pero casi en cámara lenta.
Sujetó las mismas a los amarres de las extremidades superiores y una vez que lo hizo se alejó un poco.
- Me divertiré tanto contigo que...