- Ahhh ahhh . . . Santino . . . – gemía su nombre mientras mordía su hombro y él se hundía en su interior.
Las piernas de ella abrazaban la cintura de él aferrándolo más a su cuerpo. Las envestidas eran tan profunda que podría quebrarla en dos partes si quisiera. La necesidad de perderse en entre sus piernas era urgente y la de ella de olvidarse de todo lo que estaba ocurriendo en su vida también lo era.
Tomó sus manos y las entrelazó, las llevó hasta encima de su cabeza y las juntó. Con una sola mano las sujetó y la otra le ayudó a separar un...