Esa tarde nunca imaginó que aquella experiencia se volvería algo fascinante para él. Tener el control hasta de sus orgasmos era algo que en su propia práctica no había podido lograr y que el uso de juguetes sexuales podía darle.
Sus gemidos lograban seducir sus oídos y eso lo incentivaba en seguir aumentando la intensidad del aparato. Estaba extasiado de deseo y por primera vez ella le provocaba ganas de poseerla.
Mientras miraba cómo se retorcía en el sillón, él no podía dejar de apretujarse el miembro y sentir el dolor agudo que eran como punzadas justo en el glande. Cada vez que veía su interior contraerse, se proyectaba de...