Tomo sus dedos y beso las yemas. El comienzo de una sonrisa levanta las comisuras de su bonita boca. Sin embargo, cuando la seducción llena sus ojos, el impulso de estar dentro de ella regresa rápidamente.
Me inclino cerca de su oído y le susurro, palabras sucias que sé que le doblarán los dedos de los pies.
—¿Todavía te duele el coño, princesa?—murmuro Me río cuando un rubor baja por su cuello.
—Estoy bien—responde ella.
—He estado duro por ti todo el día, Anastasia. Quiero follarte como es debido. Duro, de la forma que me gusta. ¿Puedes manejar mi
polla? —Es hora de llevar esto al siguiente nivel y entrenarla...