En una lujosa habitación, en el hospital más grande de Vancouver, Sophie estaba sentada junto al cuerpo inconsciente de su querida amiga, habían pasado tres días desde el incendio y ella no se había movido de su lado, acarició su cabello una vez más, casi agradecía que durmiera un poco más, la realidad sin duda sería mucho más horrible que el sueño en el que estaba sumida, tomó un pequeño paño y limpio los dedos de su mano, aquellos que sobresalían del yeso de su brazo. Cuando la llamaron del hospital, pensó que se le paraba el corazón, primero no entendió por qué la habían llamado a ella, sabía que...