Los primeros rayos del sol alumbraban la habitación de Alba. Ella aún seguía dormida en los brazos de Santiago, entreabrió sus ojos, su cabeza le daba vueltas aún, sin embargo, el olor del perfume de la piel de él y su calor, la obligó a volverse a acomodar en su pecho, y aunque no estaba dormida, cerró los ojos para no desprenderse de su lado ni un segundo.
Minutos más tarde el celular de Santiago empezó a vibrar sobre la mesa de noche, él quería seguir durmiendo, abrazó a Alba, con más fuerza, pero el teléfono no paraba de sonar.
-¡Santiago tu celular! -exclamó ella.
-Deja que suene -murmuró él,...