Entre tanto en trayecto hacia el banco Alex, le contaba a su abuela todas sus aventuras en el nuevo centro comunitario, le iba cantando las canciones que aprendía en clases que ahí recibía, mientras le conseguían escuela.
Diana, emocionada lo escuchaba, y aplaudía las hazañas de su nieto; una vez que llegaron al banco, subieron por el ascensor, la doctora Maldonado, se acercó a la asistente de Santiago, quien al verla de inmediato la saludó.
-Señora Diana, buenas tardes. -Le brindó una cálida sonrisa.
-Hola. ¿Mi hijo está ocupado? -inquirió.
-No, señora, ya la anuncio con el economista.
-No le diga que estoy aquí. - Diana, se inclinó ante Alex-....