Linda entró en aquel lujoso baño, para ver más de lo mismo, ella había recorrido varios hoteles en sus noches de conquista, exigía solo lo mejor, no se conformaba con cuartos de mala muerte, era lo que se merecía, pero ahora le parecía que todos eran más de lo mismo, ¿acaso todos llamaban al mismo diseñador?
"¿Porque todos estos lugares son tan parecidos? ¿Acaso el glamur solo se puede mostrar con mármol negro y terminaciones en dorado?"
Se quedó parada frente al espejo, se tomó unos minutos para recitar su mantra, repitiéndose que ella podía con cualquiera, ella podía tener al hombre que quisiera rendido a sus pies, y una vez que estuvo segura de que podría conquistar el mundo si se lo proponía, tomó el teléfono y envió un mensaje.
Para: Loquita 😜🤪
Loquita, jodi todo, envíame rápido una minifalda negra, una blusa blanca y ropa interior al hotel Mandarín oriental, a la suite de Jones Williams, luego te explico.
De: la perra 😎🥳
Recibió la respuesta en menos de dos segundos, porque René era así, no importaba que tan inspirada pudiera estar, ella respondería cada vez que Linda la necesitaría y viceversa.
Para: la perra 😎🥳
¡Perra! quiero detalles o no habrá cena. Deja de torturarte y disfruta un buen polvo.
De: loquita 😜🤪
Quería reír ante el comentario de su amiga, pero no pudo. Dejo su teléfono sobre la cartera en aquel taburete que allí se encontraba, ignorando la amenaza de su amiga, sabía que, si le haría la cena, no es como que no le fuera a contar cuando llegara a su hogar.
Por un momento miro la enorme tina de baño que se levantaba imponente, pero a último minuto desistió y abrió la ducha, dejando caer el agua caliente, tan caliente que dolía, lo necesitaba, de un momento a otro su piel estaba helada, se metió en aquel lugar dejando la mampara abierta, se dejó caer, se sentó sobre el mármol pulido tomando sus rodilla y apoyando su mentón sobre ellas mientras el agua caía en su cabeza y seguir su camino pasando por su cuerpo y terminando en el desagüe, llevándose con ella las lágrimas que en silencio no dejaban de salir, pero también el frío al que Erick la había condenado, desde el día que la apartó de su lado.
“¿Cómo permití que me arruines de esta forma?, te entregue todo, hice lo que me pediste y más, decías que mi cuerpo te excitaba, pero te casaras con una muñeca de plástico. Renuncie a todo por ti, incluso a lo más sagrado. ¡¿Como pude hacer eso?! ¡¿Cómo lo permití?!"
Un movimiento a su lado la hizo levantar la cabeza y salir de sus pensamientos.
Will estaba parado a su lado, desnudo, mirándola con curiosidad y algo más, le extendió la mano y ella lo miró confundida, aun así, la tomó y dejó que la ayudara a pararse, se sorprendió cuando el hombre ingresó en la regadera, eso no estaba en sus planes y era la segunda cosa que no estaba planeando, la primera fue a ver follado con él.
— Está demasiado caliente. — Linda le advirtió de la temperatura del agua, pero él no se movió, no le importaba morir quemado, si era a su lado.
— Puedo soportarlo.
Se limitó a decir mirando sus ojos, mientras tomaba una esponja, gel de baño y comenzaba a limpiarla. Ella lo dejó, se dejó llevar por esa sensación, de sentir la esponja por su cuello, hombros, sus senos, aunque no pudo evitar pensar en Erick, todo acto íntimo después del sexo la llevaba a pensar en él y era por eso que cuando follaba, automáticamente se alejaba luego del acto en sí, no soportaba la cercanía de los hombres luego del sexo.
“Ven Lin, déjame consentirte, te portaste muy bien esta noche, mereces un premio.”
¡No! ella no dejaría que la trataran así nunca más, basta de premios y castigos, únicamente ella los daría.
Pero antes de poder darle un giro a la situación Williams hablo y la sacó de jugada, dejándola perdida nuevamente.
— ¿Podrías?
Él le estaba ofreciendo la esponja, pidiéndole que fuera ella quien lo limpié, quien lo premie y mientras tomaba la esponja se permitió perderse en esa sensación, el disfrute que le causaba recorrer el enorme pecho de Will, sus brazos tonificados, su cuello y cuando miro sus ojos se dio cuenta de que era ese algo más que vio en su mirada.... ¡dulzura!
"¡No puedes arruinar este trabajo!, estúpida calenturienta"
Esta situación no la podía comparar con nada que haya vivido con el señor frío, él jamás permitió que ella lo bañara, o así sea lo tocara sin su permiso, esto era algo completamente nuevo y más porque sabía que Williams era igual que Erick, a ellos les gustaba dominar.
Comenzó a pasar la esponja nuevamente por el pecho fornido de Will, mientras miraba sus ojos celestes y una sutil barba, que era apenas una capa fina bien recortada igual de rubia que si cabello y antes de llegar más lejos hablo.
— Esto no está bien. — Se lamentó en voz alta, siendo honesta, ¡ella siendo honesta con un hombre! René tendría mucho para escuchar.
— ¿El qué?
— Que dejes que yo te limpie. — explico.
— Es algo nuevo para mí también, toda tú eres algo distinto y.… me gusta. — Las alarmas comenzaron a sonar en la mente de la joven.
"PELIGRO, VETE, AHORA, VETE IDIOTA"
— Y es por eso por lo que lo mejor es que mantengas la distancia de mi Will. — El corazón del hombre sufrió una conmoción, al escucharla llamarlo de esa forma, solo su padre y Deivid lo llamaban así.
Él quería besarla, algo en su pecho lo incitaba a hacerlo, pero sabía que si lo hacía cruzaría una línea a un terreno desconocido y peligroso, tanto para él como para Linda.
"¡¿Que me pasa con ella?! ¿Porque me comporto así a su lado? siento que en cualquier momento la perderé y eso me altera".
— ¿Quién eres realmente? — Dejo salir la pregunta que tuvo en su mente toda la semana. Necesitaba saber si esa mujer de grandes curvas era de este mundo.
— No soy nadie.... y soy todo, así de jodida estoy.
Y dicho eso ella salió sin siquiera mirarlo, dejándolo totalmente confundido, Williams jamás actuaba así, a él no le importaba en lo más mínimo nada más que follar y luego desechar a las mujeres, pero hace un rato, cuando el tiempo pasó se empezó a preocupar, se debatía en entrar al baño o no, sabía que ella no estaba bien lo vio de primera mano y cuando llego un paquete para Linda, creyó que tendría la excusa perfecta, lo que nunca imagino fue que la vería como la encontró, totalmente ida de este lugar, perdida en algún rincón de su mente donde era obvio que reinaba el dolor, podía distinguir sus lágrimas de las gotas de agua, pero lo que más lo perturbó fue el dolor que sus ojos reflejaban, esos hermosos ojos café, se habían convertido en dos acantilados profundo y oscuros, carente de todo sentimiento. Él quería reconfortarla y no sabía cómo o por qué. ¿Qué ocurría en aquel restaurante que Linda no podía controlarse?
Para cuando salió de baño, Linda ya no estaba. Solo encontró una nota sobre la mesa del pequeño salón.
Gracias por tus servicios.
Williams leyó la nota una y otra vez.
"¡¿Gracias por tus servicios?! ¿Acaso me toma como a un gigoló?
Su teléfono comenzó a vibrar, insistente, molesto y recordó que Linda lo había programado de esa forma, para que él viera de inmediato lo que le enviaba.
Su mandíbula calló al suelo cuando vio que ella le había transferido el precio de la suite a su cuenta bancaria. Junto con un mensaje.
De: Linda 🍑
Puedes quedarte lo que desees, Esta paga hasta mañana, no te preocupes, esto nunca pasó.
Para: Williams 😳
Si, él se sentía como una mujer engañada y abandonada, no perdió el tiempo y salió de aquel lugar, antes dobló la nota donde ella le agradecía y la guardo en su billetera.
Al llegar a la empresa se sintió nervioso, no sabía cómo enfrentar a Linda, si hacer como si nada pasaba o seguir con el juego.
"¿Qué carajo me pasa?, no es la primer asistente con la que follo y a las horas la veo en su escritorio.”
Pero cuando llego Linda no estaba. Entro a la oficina de Deivid creyendo poder encontrarla en aquel lugar, pero no fue así.
— ¿Dime que pasó? — dijo en tono molesto el tatuado.
— ¿Sobre qué? — opto por hacerse el desentendido, no estaba seguro de contarle a su mejor amigo lo que había sucedido con Linda y no tenía idea de porqué.
— ¿Cómo sobre qué? llevaste a Linda al restaurante, que paso que no regresó.
— ¿Cómo que no regresó?
— ¿Qué pasa? ¿quedaste tarado de camino aquí? Ella llamó diciendo que tenía indigestión y que no podría volver a la oficina hasta el lunes. — explico casi exasperado Deivid.
— Claro, si, ella solo comió, le mentí diciendo que los accionistas no llegarían y siguió comiendo y por eso enfermó.
— Tú... ¿qué tanto avanzaste?, digo... no me has contado nada. — los ojos de Deivid analizaban a su amigo en busca de algún gesto fuera de lugar.
— No hay nada que contar, creo que mis tácticas no funcionan ella.
Mintió descaradamente. Esta era su oportunidad para decirle que habían follado y que fue la mejor experiencia en su vida, pero prefirió mentir. No quería compartir con nadie aquella experiencia, la quería guardar solo para él, aún con el miedo creciendo en su pecho, preguntándose si esta sería la única vez que eso sucediera.
— Quizás está enamorada de mí. — dijo en tono confiado el castaño.
— Si claro, veremos qué es lo que pasa. — Williams estaba rompiendo el pacto que tenía con Deivid desde hace años, ellos se contaban absolutamente todo, pero esta vez Will no estaba dispuesto a compartir lo que ella le hacía sentir con nadie.
Ese era su secreto.
Deivid sabía que Williams le ocultaba algo, lo conocía desde siempre, pero jamás creyó que era el hecho de que Linda y él habían estado follando esa tarde.
Grandes cambios se avecinaban para todos.
Apenas Linda entro en su departamento fue abordada por René que estaba más que ansiosa.
— ¡¿Qué paso con eso de no follar con el jefe?! — reprocho la rubia.
— Vi a Erick. — Dijo con voz baja la castaña llena de dolor. Derrumbándose con la única persona que conocía toda su historia.
— ¡Dios mío!, estás viva, eso quiere decir que él no te vio, ¡¿verdad?! — Rene se movía de un lado al otro, mirando fijamente a su amiga.
— ¡Claro que no me vio, estaba en su ensayo de boda con su futura mujer de plástico! — Y por fin dejo salir todo el dolor que tenía dentro. Se derrumbó delante de la única persona en la que confiaba ciegamente, su mejor amiga.
— Por favor, René, ya no quiero... no quiero que duela, quiero que esto termine.
La voz de Linda reflejaba el dolor que sentía, su corazón se rompía una y otra vez, sin embargo, allí estaba, viva, seguía respirando por alguna razón.
— Linda... — dijo Rene comprendiendo su pesar y es que siempre seria así, el dolor de una seria de las dos.
— ¿Cómo permití que me convenciera?, fue toda mi culpa. — se reprochó una vez más Linda, completamente mortificada.
— ¡Él no te convenció te obligó, que es diferente! ¡Tú no tuviste elección! — René estaba en pánico, una vez ella se comportó de ese modo, y fue cuando el señor frío la hecho como un perro de su lado, ella no podía permitir que su amiga caiga nuevamente en aquel sufrimiento.
Tenía pánico, una vez aquel dolor la llevo a querer terminar con su vida, y por muy poco Rene la salvó.
Estas mujeres se debían sus vidas mutuamente. Una era la salvación de la otra, solo así lograban seguir día a día.
— Basta Linda, deja de sufrir por ese hombre, tú puedes tener a quien quieras, entiende, eso no era amor, es solo el hecho que fue el primero y te enseño todo ese mundo de sexo y placer, eso fue lo que te cegó. ¡No lo amas! despierta de una vez.
Linda no decía nada, pero por lo menos no lloraba, las horas pasaron y René estaba preocupada. Ella no hacía nada, solo miraba a la nada, y sabía que su amiga debía estar imaginando lo que pudo tener y dejo que fuera arrebatado.
— ¿Sabes?, debemos salir a divertirnos, vamos de cacería. Tengo ganas de comerme a algún hombre de grandes músculos y con un poco de tinta en su piel. — Rene hablaba mientras saboreaba sus labios, y Linda no pudo evitar reír.
— No puedo, el idiota de Williams me llevo a un hotel que la suite sale siete mil dólares la noche, y obviamente le deposite el dinero, estoy en rojo, aun cuando me paguen no cubriré el gasto de hoy.
— Eso es culpa de tú orgullo, ¿porque le diste el dinero?
— Porque nadie me tratara como una puta nuevamente.
Mientras las jóvenes contaban sus ahorros el teléfono de Linda comenzó a vibrar. Lo que le pareció raro ya que odiaba que vibre y solo lo tenía con sonido, por lo que lo tomo, sus ojos casi se le salen cuando vio el mensaje.
De: Williams 😳
Tu dinero está en tú cuenta, de donde nunca debió salir, no me mal intérpretes, no es un pago, solo espero que tengas suficiente dinero para que la próxima pagues tú.
Para: Linda 🍑
“Williams, ¿acaso piensas que esto se repetirá? Eres un iluso. Pero, en fin, necesito mi dinero de vuelta.”
— Bueno chica ruda, la suerte por fin nos sonríe, prepárate esta noche, Nueva York estará a nuestros pies.
— ¡Si! Así se habla, vamos a conquistar el mundo.
— A dominarlo Rene, lo vamos a dominar.
Así salieron, creyendo poder divertirse y olvidar sus penas, pero si algo es sabido, es que la noche trae sorpresas.
Linda y Rene llegaron cerca de las nueve de noche al Killarney Rose, su cartel de neón verde y rojo en la fachada de ladrillo les dio la bienvenida.
Era su bar favorito, donde deambulaban los hombres de prestigio de Manhattan cuando buscaban algún encuentro casual sin nombres ni compromisos, algo ideal para ellas, además quedaba en los límites de Manhattan cerca del Bronx, que era donde tenían su pequeño departamento para estas ocasiones.
Mientras René ligaba con un joven rubio, Linda rechazaba todas las insinuaciones, los hombres comenzaron a pensar ¿qué era lo que buscaba realmente aquella mujer? vestida tan provocadora con un vestido amarillo que gritaba MIRAME, pero sin embargo su mirada estaba sobre la barra, como dando a entender, hoy no molesten.
Lo que los hombres no entendían era que Linda se arreglaba para ella y no para ellos.
— Linda, ¿estás bien? — pregunto con afecto el hombre mayor.
— Rodrigo, nunca he estado mejor. — respondió con una sonrisa tan falsa como sus uñas.
El bar Man y dueño del lugar las conocía bien, y les tenía cierto apreció, los años tras la barra le enseñaron a diferenciar las mujeres sin sentimientos y aquellas de corazón roto, y sabía que ese par estaba tan herido, que se habían olvidado del amor para siempre, por lo que solo le daban al cuerpo lo que este les pedía.
El tiempo pasó sin que ella lo notara, estaba navegando en el mar de tormento que era sus recuerdos, ese mismo del que huía hace año y medio, pero que sin embargo hoy la había alcanzado.
— Linda, René ya se fue, estamos por cerrar y creo que has bebido más que suficiente. — dijo el moreno tocando con afecto su mano
— Rodrigo, son apenas las 3:30
— Cerramos a las 4 hoy, ¿lo olvidas?
"Genial, René se fue con el rubio a un hotel, y yo todavía no atrape nada, ni modo tendré que tomar un taxi."
Mientras pensaba, que había desperdiciado a varios hombres por nada, se enfureció, y eso le hizo recordar porque estaba en aquel lugar.
"Maldito Erick, ¿por qué te obedecí?, si no fuera por eso, no estaría sola sufriendo.”
Una lágrima rodo por su rostro, y su mente le hizo ver que tan oscuros pensamientos podía tener.
Ella tenía el poder de terminar con su miseria y por fin poder descansar.
Pero eso no era bueno, René sufriría demasiado, si, solo ella la lloraría con verdadero dolor.
Su gran amiga René, esa que conoció en el colegio, la única que se atrevió a defenderla cuando todos se burlaban por su físico, incluso su propia familia, la que con el pasar del tiempo compartió sus secretos, y cuando la convenció de partir juntas a esa locura de conquistar Nueva York se convirtió en su única familia, la única a la que le debía felicidad.
— Toma amigo, aquí tienes tu paga. — dijo con la voz carente de vida y el hombre se preocupó.
— ¿Estás bien Linda? No te preguntaré si quieres hablar, eso sería todo un milagro, la única chica que jamás se ha quejado de su vida en este lugar, pero... deja que llame un taxi para ti.
— No te preocupes, en esta vida no me puede pasar ya más nada... Más que perderla.
Eso preocupo a un más a él viejo moreno, ese brillo en los ojos de una de su mejor clienta, a quien él le tenía el mismo aprecio que a una hija, si, él podía ver cuán lastimadas estaban las personas con tan solo ver sus ojos. Por eso cuando Linda se levantó para ir al tocador, él se atrevió a tomar su bolso y buscar su móvil, tenía la intención de llamar a René, pero al buscar entre los contactos vio algo que le llamó la atención.
Deivid el protector 😎
El hombre jamás se detuvo a pensar que ese apodo podía tener miles de significado para Linda, él creyó que ese hombre era algún amigo o incluso enamorado de ella, y quien mejor para cuidarla que él, por lo que marcó el número sin perder tiempo.
No muy lejos de ahí, solo un par de calles más al sur se encontraba un aburrido Deivid con dos morenas que ya no sabían cómo tocarse y besarse para llamar la atención del hombre, que solo las observaba recostado en el sofá del club donde se encontraba, tomando tequila con cerveza y aburrido de ver siempre las misma provocaciones, además estaba enfadado porque su único amigo justo hoy se negó a salir, no entendía que le pasaba a Williams, ¿desde cuándo estaba demasiado cansado como para salir a divertirse?
Cuando su teléfono comenzó a prender y apagar su luz creyó que por fin Will se había decidido a salir y atendió sin ver el número.
— ¿Dónde estás? — Dijo con una nota de aburrimiento en la voz.
— Disculpa, ¿eres Deivid? — Cuando escucho una voz masculina desconocida miro de inmediato el nombre de quien llamaba, la pantalla rezaba.
LINDA GORDITA 🥰.
De inmediato se sentó y prestó atención a quien le hablaba.
— Si soy yo, ¿qué sucede? ese es el teléfono de Linda. — respondió con una preocupación que jamás creyó sentir.
— Si lo sé, verá, ella no está muy bien que digamos y su amiga ya se marchó.
— ¿A qué se refiere con que no está bien? ¿Acaso está herida? ¿Quién eres?
— No, no, ella se ve... muy deprimida y bebió de más, las conozco desde hace tiempo y nunca la vi así, por eso llamaba, quizás....
— De acuerdo ¿dónde está?
— En el bar Killarney Rose.
— Bien estoy cerca, no deje que se marche, en dos minutos llego.
Salió casi corriendo, ni él entendía la inquietud que sentía, no era el hecho de que podría aprovechar las circunstancias y terminar follando a esa mujer, no, era otra cosa, una preocupación verdadera a que ella hiciera algo y resultara herida. Linda realmente había despertado el lado protector de este hombre.