Chapter 6 . Me vio.

Chapter 6 . Me vio.

Linda seguía en el tocador en un duelo de miradas con ella misma. De esto ya hacía más de 15 minutos, trataba de quitar la loca idea de saltar del puente más cercano y terminar todo o de asegurarse que esa era la mejor opción.

"Mamá tenía razón, ¿quién podría enamorarse de mí?”

“¡Por Dios, ni siquiera ellos me quieren!, en 3 años no me han buscado ni una sola vez, ni siquiera mi familia me extraña, solo tengo a René, pero ella debe continuar con su viaje, sí, me llorará y superara, pero ella lo logrará, conseguirá su sueño de ser una gran pintora, si tan solo pudiera garantizar que conseguirá lo que falta para terminar de pagar el departamento ella estaría bien allí.”

— Solo aguanta un poco más, asegúrate el bienestar de tu amiga, se lo debes, no seas egoísta, solo así te podrás ir a descansar de una vez por todas. — Se dijo mientras se miraba por última vez en aquel espejo y salía, con la clara idea de que por lo menos hoy no cometería suicidio. 

Tomo sus cosas mientras se despedía de Rodrigo. 

— Nos vemos el próximo fin de semana, amigo.

— Es una cita belleza no lo olvides.  — El hombre ya había hablado con Deivid, quien decidió esperarla fuera del bar, y así fue como cuando ella salió a la acera lo encontró apoyado en su Lamborghini Tornado.

— ¡¿Deivid?!— no podía salir de su asombro al encontrarlo allí.

— Hola, Linda gordita. — respondió con una sonrisa coqueta.

— ¿Qué haces aquí?

— El destino me trajo aquí, a decir verdad, estaba dando una vuelta y te vi, ¡cómo no verte con ese vestido!, ¿acaso estas buscando algo de acción?

Y mientras Deivid hablaba, su voz iba cambiando, comenzó a sentir celos de cualquier hombre que la haya podido verla así, ese vestido de mangas tres cuartos que la envolvía y abrazaba su cuerpo para estar sujeto solo de un lazo en un lado, dejando sus piernas al descubierto y con ello gran parte de los muslos, solo bastaría con jalar ese lazo y ella quedaría desnuda, incluso desde su lugar veía que no llevaba sostén, sus pezones estaban duros por la brisa de la noche, y el pene de Deivid comenzó a endurecerse.

Ella lo encendía con el solo hecho de existir. 

— ¿Crees que estoy buscando acción por tratar de vestirme bien? — Dijo con molestia la morena y él se dio cuenta de su error. Linda era alguien a quien no le gustaba que la juzgaran por su vestimenta, si quería podía ir desnuda y nadie tendría que decirle nada.

— Tienes razón, disculpa, creo que a esto le llaman celos, algo nuevo en mí, bien dime ¿te puedo llevar a algún lado? — Deivid había dicho más de lo que quería, y Linda estaba disfrutando ese desliz. 

— No creo que sea bueno que nos vean juntos un viernes por la noche, digo, tú hombría podría verse afectada. Como explicaría que te vieran con tu asistente ¿cuándo el horario de trabaja ya terminó?

Linda recordaba como Erick la sacaba a almorzar, cenar e incluso de paseo, pero siempre de día de lunes a viernes ya que así él lo justificaba con la excusa de que estaban trabajando, y cuando la citaba en algún hotel llegaban por separado, pagando dos habitaciones, para que nadie sospeche que a él le pudiera gustar alguien con el físico de ella.

— ¡Tonterías!, seré la envidia de cualquier hombre que me vea contigo. Mi hermosa dama, permíteme el honor de tu compañía.  — Y eso a la joven le gustó, estaba cansada de esconderse en esa isla por miedo a encontrarse con Erick. Él debe estar demasiado ocupado con su boda como para andar en bares y con ese pensamiento decidió aceptar la invitación de su jefe. 

— De acuerdo Deivid, veamos si es verdad.

— Linda, permíteme mostrarte mi mundo, te encantara.

Por primera vez en la noche Linda sonrió, Deivid parecía un hombre duro y serio, incluso su mirada intimidaba a muchos, pero ella veía esos ojos grises y podía ver que era alguien dulce y juguetón e incluso se arriesgaba a decir que debía ser muy cariñoso, nada a lo que ella esté acostumbrada y eso era peligroso. 

Como todo un caballero abrió la puerta de su auto y ella subió. 

"¿Que estás haciendo? Hoy te tiraste a su amigo, ¡¿eres idiota?! Linda terminarás arruinando todo."

Por mucho que no quisiera su subconsciente le estaba gritando, pero aun así ella no se bajó de aquel auto.

No fue más que un par de calles y ellos llegaron al club donde Deivid había estado un rato antes, bajo, abrió la puerta y la tomo de la mano, él era osado, o eso quería mostrar, Linda sentía las miradas de todos a su alrededor, algunas atraídos por su atuendo deseosos de quitárselo y otras por su compañía, quien caminaba con la frente en alto, como con deseos de que todos vean que ella estaba con él. 

"Genial te luce como el trofeo de la noche. ¿Acaso serás siempre el juguete o premio de algún hombre?”

Erick realmente había hecho desastre con la mente de la joven, así como la hizo ganar confianza en ella misma y su cuerpo la hizo temerosa y desconfiada de cualquier hombre que demostrara algún interés en ella. Ese fue su método para manipularla a su antojo.

— Dime ¿qué tomas? — pregunto el castaño al tiempo que ella tomaba asiento en un cómodo sofá.

— Un mojito. 

— Ok, espera aquí lo buscaré.  — Deivid salió rumbo a la barra y ella se dedicó a relajarse en el gran sofá blanco de la zona vip. 

De pronto unos gritos masculinos llamaron su atención. 

— ¡Dile adiós a la soltería amigo!

— ¡Hombre a punto de perder los huevos marchando!

— ¡Despídete de la vida nocturna cuñado!

Giro divertida por lo que escuchaba, quería ver quién era el pobre hombre objeto de tantas burlas, aquel afortunado o desafortunado que estaba despidiendo su soltería y si, se arrepintió. 

Sus ojos quedaron atrapados por el frío azul de los ojos de Erick, él la miraba como solo una vez lo hizo, cuando la obligó a hacer eso que a ella tanto le dolía recordar. 

Linda sentía que no podía moverse, su respiración se volvió superficial, sus manos y rostro se pusieron frías de repente, ninguno de los dos pestañaba, ella tenía pánico, él todavía tenía el poder sobre ella con solo mirarla, hasta que de repente el rostro sonriente de Deivid apareció frente a ella.

— Hey Linda gordita... ¿qué te sucede? ¿Te encuentras bien? — pregunto al ver su rostro tan blanco como un papel.

— SA—SA—sácame de aquí. — Linda quería correr, pero sus piernas no le respondían, estaba temblando, Deivid le tomo la mano y la noto helada, sin perder tiempo la jalo para que se levantara y la abrazó al darse cuenta de que perdería el equilibrio.

— Tranquila, yo te tengo, y no dejaré que caigas.  — Ella lo miraba por primera vez de cerca, y los tatuajes en su cabeza la ayudaron a no mirar en la dirección donde se encontraba el señor frío, de quien todavía sentía la mirada sobre ella.

Cuando salieron y subieron al auto, Linda pudo relajarse un poco.

— ¿Qué te pasa? 

— Llévame a mi casa por favor.  — La voz lastimosa de ella lo preocupó aún más. 

"¿Que mierda pasó? La deje sola unos minutos, y nadie se acercó.”

— ¿Dime que pasa? Acaso alguien te molesto, porque si es así le arrancare la cabeza. — dijo sabiendo que era muy bueno peleando.

— Solo quiero ir a mi casa Deiv por favor. 

"Dios, que bien que suena ese Deiv en sus labios."

Ese rostro lastimoso, y su labio sobresaliendo un poco hacia afuera era una clara señal de que rompería a llorar en cualquier momento. Por lo que él hombre se propuso distraerla o intentarlo al menos, no quería verla llorar. 

— No sé dónde vives Linda. — dijo mientras su rostro se mostraba burlón.

— En el Bronx, prospect avenida 67.

— De acuerdo, te llevaré, pero no llores, no me gusta verte así.  — Linda se pasó la mano por la mejilla y noto que era verdad, estaba llorando, pero eso no importaba, se mantuvo en silencio, mirando por la ventana, mientras el pánico recorría su cuerpo.

"Dios estoy muerta, ahora sí, todo se terminó. Erick me vio."

— ¿Vives arriba de un café billar? ¡Vives en este vecindario! — Deivid la mira como si estuviera loca y ella no pudo evitar reír.

— Si así es. ¿Quieres...? ¿subir? — Linda sabía lo que pasaría si Deivid aceptaba su invitación, ella necesitaba esos brazos musculosos envolviéndola, y esa mirada dulce sobre ella, necesitaba sentirse querida, sentirse deseada, sentir que aún estaba viva. 

— Nena, no pensaba dejarte sola, aunque me lo pidieras. — Deivid sonrió mientras le guiñaba un ojo y bajo a abrirle la puerta.

— Hooo pero mira esas tetas, gorda, deja a ese niño rico y ven con un ¡macho de verdad! — Un hombre tan musculoso como Deivid los estaba provocando fuera del billar y obviamente Deivid reaccionó. 

Soltó a Linda, sin decir palabra alguna avanzo y le dio cuatro golpes al desconocido, este solo le dio uno en el labio antes de caer.

— ¡Aprende a respetar a una dama! ¿Y ustedes qué? — Linda se apresuró a tomar la mano de Deivid y conducirlo dentro de su departamento. 

— No debiste hacer eso, ellos son así solo ¡debes ignorarlos!

El hombre no entendía porque estaba tan nerviosa y enfadada, claro él no sabía el remolino de emociones que ella sentía, primero enfadó, ya que no le gustaba que ningún hombre la defienda, quería creer que ella podía sola, la segunda, preocupación a que lo lastimen, y la tercera todavía pensaba que Erick aparecería detrás de ella y la acabaría con sus propias manos. 

Cuando por fin pudo abrir la puerta lo jalo hacia adelante y cerró con seguro.

— Siéntate, mira si... maldición si te golpeo.

— Na esto no es nada.

Ella no le respondió, se limitó a ir al refrigerador y sacó dos cubos de hielo, los puso en una servilleta y volvió al lado de Deivid que aún se encontraba cerca de la puerta.

— Ven siéntate. — Le señalo un sofá bordó que tuvo mejores tiempos, pero aun así estaba sano y limpio.

Él se sentó mientras veía aquel lugar, paredes de ladrillo a la vista, fotografías colgadas en ella y de una rubia a la cual no veía bien, todo estaba a la vista, cocina comedor sala, hasta la cama, era un mono ambiente, bien cuidado y ordenado, encajaba con la personalidad de Linda, pero también tenía el toque de alguien más, unas pinturas llamaron su atención, estas le transmitían una tranquilidad que hacía mucho el hombre no sentía.

Él se sentó y se preguntó en qué momento ella se había quitado los zapatos, ya que estaba sentada sobre sus piernas, como rezando, comenzó a limpiar el labio partido de hombre, mientras él se perdía en esos labios rojos, tan cerca de su rostro, ella decía algo, pero él no la oía, solo pensaba ¿qué sabor tendrá esa boca?

Y no lo pudo evitarlo más, levantó su mano y la apoyó en el rostro de Linda, quien cerró los ojos al sentir el calor de esa gran mano.

"Mira lo que es ese rostro, definitivamente disfrutaré esto, lo lamento Will, esta vez te toco perder.”

Deslizo su pulgar por la mejilla de ella y muy lentamente lo introdujo en su boca, por un momento Linda casi pierde el control, pero se contuvo.

"Después de todo, lo único que quieres es jugar, bien Deivid, juguemos. Ya que eres como todos"

Linda se recrimino por ser débil, por creer que Deivid podía realmente preocuparse por ella, pero él solo quería sexo y ella le daría el mejor de su vida, lo marcaría, para que la próxima vez que follara con alguien solo pudiera pensar en ella.

"¡Idiota, los hombres son todos iguales no lo olvides!"

Linda lo miraba con cara de fingida sorpresa por lo que él acababa de hacer, eso lo excito, era algo nuevo para él esa cara de inocencia.

— Chúpalo. — La voz de Deivid era ronca, del mismo deseo que sentía, mientras Linda jugaba a ser inexperta, acatando las indicaciones de un experto y le chupaba el pulgar con falsa vergüenza. 

— No sé porque estás triste, pero eso cambiará, te lo puedo asegurar.  — Eso la sacó de jugada, ¿cómo pudo él ver a través de ella?

Deiv tomo el lazo del vestido y con un movimiento suave jalo de él.

Ante sus ojos el vestido de Linda se abrió para dejar a la vista los enormes pechos, los miro más que complacido y se pasó la lengua por los labios, mientras ella con una maniobra desesperada pasó su lengua por el pulgar de él. 

Deiv enloqueció y se fue sobre su boca, con tanta desesperación que cayeron sobre el sofá, sus lenguas se entrelazaron en una danza erótica y ardiente, donde el pene de él comenzó a reclamar que lo liberen del encierro de ese pantalón tan ajustado, y sus manos se perdían en esas montañas tan suaves que eran los pechos de Linda.

— Deivid, es mejor que pares, esto no está bien. — La voz de Linda dejaba ver que ella estaba tan agitada como él. 

— No me importa que está bien y que no, solo quiero estar contigo.  — Dijo entre besos con su voz cargada de deseo.

— Entonces te diré la verdad, no soy lo que piensas, cuando esta noche termine, tú y yo seremos jefe, empleada y nada más. 

— Esa es la idea.

— No te enamores de mí, no lo olvides, no lo tienes permitido. — rebatió con una sonrisa ladina.

Eso descolocó al hombre por un momento, se arrodilló en ese lugar, entre las piernas de esa mujer que le estaba dando una advertencia clara y fuerte, su intención era decir algo sarcástico ante esa idea, pero al verla tendida con sus pechos desnudos, su enorme cadera y esa parte tan sensual que se dejaba ver entre la transparencia del encaje de su braga que ya estaba húmeda esperando por su pene, que lo ingenioso que se le había ocurrido para decir se le olvido.

Aprovecho su postura y se quitó la ropa de una forma rápida y Linda por fin pudo apreciar ese cuerpo casi cubierto en su totalidad por tina y arte.

— ¿Te gusta lo que ves? — pregunto con cierta coquetería.

— Me encanta, es... arte en su máxima expresión. 

— Sí que sabes calentarme. — Ella no dijo las estupideces que todas decían, "te queda lindo” “te dolió mucho" etc. no, ella apreciaba lo que tanto tiempo le llevo hacer, convertirse en una obra de arte ambulante.

Se agazapo sobre ella terminando de quitarle el vestido muy lentamente, y cuando Linda hizo el intento de ir a la cama él la detuvo. 

— Este sofá se ve muy tentador, ¿lo has hecho aquí?

— No— mintió descaradme.

Deivid comenzó a besarla, y a descender por su cuello, mientras acariciaba suavemente el vientre de Linda, y cuando su boca llegó al pezón mientras daba pequeñas lamidas y chupones, su mano se abrió camino entre la ropa interior completamente húmeda de ella.

— ¿No puedes esperar verdad?

Pregunto, sabiendo la respuesta por lo que cuando ella iba a responder le introdujo dos dedos y quedo más que satisfecho al ver la cara de placer de ella, comenzó a moverlos lento y rítmico mientras que con su pulgar ejercía presión en ese botón que él sabía generaba el mejor placer de todos.

Cuando sintió la necesidad de hundirse en ella, ya que los gemidos de la joven lo estaban calentando de sobre manera, recordó algo.

— Maldición. — dijo en un susurro y ella lo escuchó. 

— ¿Que?

— Deje mi billetera en el auto, no tengo protección. 

— Yo sí.  — Linda extendió el brazo sobre su cabeza y tomó su pequeño bolso, sacó el paquete de brillante envoltura y lo mostró victoriosa. 

— Eres una chica mala, si estabas en busca de diversión. — no pudo evitar acusarla.

— Las gordas tenemos derecho a disfrutar, ¿no lo crees?

— Te daré un nuevo significado para esa palabra. Hoy conocerás lo que es disfrutar realmente. 

Tomo el preservativo, pero antes de colocarlo, tomo las bragas de la joven y se las quitó. 

— ¿Cómo no vi que tan bella eres? — Esa era una pregunta más para él que para ella.

Y mientras Linda se perdía en los diversos tatuajes de Deivid, este se colocó el preservativo, tomo la pierna de la joven y se la llevó a la boca, la besó desde el pulgar hasta la parte interna del muslo, y delicadamente la situó sobre su hombro, y en esa posición la penetró.

Jamás había sentido tanto placer con esta simple acción, en el momento que la vagina de ella lo envolvió se sintió extasiado, comenzó a moverse cada vez más rápido, mientras ella observaba ese demonio que Deivid tenía tatuado desde el tórax hasta el abdomen, que parecía que se saboreaba con cada embestida del audaz joven, que en esa posición la llenó al completo, tocando ese punto que la enloquecía, y los gemidos aumentaros entre balbuceos de, ¿te gusta? Y ¡sí, dame más! 

En un momento Deivid libero su pierna y se dejó caer sobre ella, necesitaba sentir esos pechos en su piel, ese calor mezclado con sudor para crear una fragancia deliciosa y afrodisíaca.

Por fin se pudo dejar ir cuando ella comenzó a temblar entre sus brazos.

— Eso fue algo único.  — Él no estaba mintiendo, jamás se había dejado ir de esa forma, y su pene reafirmaba eso con pequeñas sacudidas involuntarias, aun descargando el esperma que quedó atrapado en el condón. 

— Creo que es mejor que te vayas. — las palabras de la castaña fueron como si le arrojaran un balde de agua fría, Deivid no sabía que decir, él era el que siempre echaba a las mujeres del lugar, y claro recordó que no estaban en un hotel, sino en la casa de la joven.

— ¿Entonces solo fue un polvo? — no pudo evitar sentirse usado.

— Uno muy bueno debo admitir. — Ese brillo en sus ojos le hizo ver que fue engañado.

— No eres una tierna ovejita ¿verdad? — Pregunto con un deje de rencor en su voz mientras se levantó y comenzó a vestirse. 

— Nunca dije que lo fuera, fuiste tu quien lo supuso, es mejor así, tienes lo que querías, al igual que yo, y recuerda… esto nunca pasó. Cierra la puerta cuando salgas.

Linda se levantó y fue al baño, miraba su rostro que aún estaba acalorado, las intenciones de Deivid era pasar un buen rato y lo lograron, el problema estaba en que eligió una de las poses favoritas del señor frío, cuando decidía que en ese momento no quería ser tocado, claro que habían diferencias, Erick le ataba las muñecas al igual que la rodilla, aun así a pesar que ella era libre de moverse esta noche no lo hizo, no toco el cuerpo tatuado, pero cuando Deivid se dejó caer sobre ella, era tanto lo que anhelaba sentir un cuerpo caliente de esta forma que alcanzo el clímax y acabaron juntos.

— Si maldito hombre frío, arruinarte mi vida, mi futuro, mi mente, pero aun así puedo follar y disfrutarlo. — Abrió el agua caliente y se introdujo en la ducha, cuando la temperatura comenzó a cambiar supo que ya era tiempo de salir.

Con un poco de tristeza descubrió que Deivid no estaba.

"Que mierda me importa, ya tuve lo que quería, no lo necesito."

Fue a su cama y vio con sorpresa una nota sobre ella.

La próxima vez lo haremos aquí. 

— Sueñas cariño, yo no repito, resultantes ser igual que tú amigo.

Cuando se acostó, ya era de mañana, y no pudo conciliar el sueño, los ojos azules de Erick la acechaban cada vez que lo hacía.

Cerca del mediodía se convenció que ya no lograría dormir y se preparó para volver a su hogar, pero casi muere del susto cuando vio que deslizaron una nota por debajo de la puerta. La tomo con manos temblorosas porque muy a su pesar ella sabía de quien se trataba. 

Lin, no debiste ser desobediente sabes que no me gusta, debiste regresar a el Dorado con tus padres, aunque eso ya no importa, después de mi luna de miel iré a buscarte.

— ¡No! Que mierda, ¿¡qué quieres decir con esto, maldito perro, acaso no te basto con arruinar mi vida?!, porque....

Linda yacía en el piso, sus piernas habían dejado de sostenerla apenas leyó la nota, ahora no sabía qué hacer, acaso ¿él la estaba vigilando? Ella rompió el trato, nunca debían cruzarse, y lo habían hecho, ¿de qué era capaz realmente Erick.?

Tomo su teléfono y llamo a René. 

— Mmm ¿qué sucede amiga?

— No regresaré al departamento por un tiempo, no es seguro.  — respondió Linda captando ahora si toda la atención de Rene.

—..... ¡¿Qué mierda pasó?! ¡¿Como que no es seguro?!

— Nos cruzamos anoche, en un bar, era su despedida de soltero, me vio... yo...estaba con Deivid.

— Mierda, mierda, mierda. ¡¿Que haremos?!

— Tú no harás nada, él me mandó a seguir estoy en el Bronx, es mejor que crea que vivo aquí. 

— No te dejaré sola, tú y yo, en las buenas las malas y las peores, ¿lo olvidas?

— No te voy a poner en peligro, sabes de lo que es capaz cuando pierde el control.

— Claro que lo sé, ¿¡crees que lo olvidé!? ¡Yo te recogí ese día! — casi podía visualizar a su amiga llena de furia, esa misma que ella no podía mostrar cuando se trataba de Erick.

— Mira René, solo envíame unos conjuntos para la semana, ya veré que hago.

— No, yo no te dejaré...

— Por favor, amiga, yo me metí en esto y yo saldré. 

— Solo, llámame si algo pasa o si me necesitas o...

— Lo haré mamá. 

— Na tú eres mi hija Linda.

Ambas reían ante su broma, aunque ambas morían de miedo.

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