Corro los últimos metros hasta el edificio, para evitar mojarme. A tan solo una cuadra de distancia comenzó a caer un torrencial. El guardia me abre rápidamente para que no tenga que perder tiempo abriéndola yo.
—Señor, por qué no avisó y yo lo buscaba con un paraguas —exclama Carlos, mientras yo atravieso el salón, escurriendo agua en el brillante piso.
—No te preocupes, Carlos. Estoy bien —agradezco, con una sonrisa sincera—. Me quedaba poco y seguí mi camino. Creo que esto demorará.
Me encamino hacia las escaleras, para no mojar más el suelo ni el ascensor. Al atravesar las puertas y mientras subo los escalones, voy desabrochando mi camisa...