Me despido de la chica en la puerta de mi habitación luego de un tiempo más que relajante y productivo. Antes de irse, sin mucha vergüenza, me pide que le dé la oportunidad de repetir. Yo solo le respondo con una sonrisa maliciosa, pero no le confirmo y claro está que no lo haré. Porque en estas condiciones no acostumbro repetir, no es mi intención verme enredado estos días cortos con una sola mujer cuando puedo hacer lo que me dé la gana. No me siento culpable por esto, tampoco, porque si algo queda dicho antes de irnos a disfrutar, es eso, que será todo borrón y cuenta nueva. En...