—¡Aléjate de ella! — gritaba Artem Kingsley, quien, de un solo y poderoso puñetazo, mando a volar a Giles Levana que se golpeó duramente contra el suelo.
—¡Artem por favor detente! — gritó Génesis rompiendo en llanto.
Giles sintió un hilillo de sangre escurriendo de sus labios, y limpiándose con el puño, vio que el líquido plateado apenas era visible en su albina piel. Dibujando una media sonrisa en su rostro, se levantó del suelo para luego mirar con un deje de rencor a aquel lobo de piel morena que le regresaba la mirada con desprecio. Aquel era el temido Artem Kingsley, el hijo de aquel miserable Alfa Maserati quien...