La noche había caído completamente sobre los bosques de Cárpatos, y desde sus adentros aquella espesa niebla surgía como naciendo. Génesis tomaba la mano de Artem, mientras ambos observaban las puertas de aquel viejo y derruido castillo, que permanecía oculto en lo más profundo de aquellas montañas; como si el dueño original lo hubiese construido de tal manera que pretendía vivir completamente aislado del resto del mundo.
Algunas partes yacían destruidas, y las antiguas paredes derrumbadas, quizás, por el irrefrenable paso del tiempo, se habían fundido con la maleza. Las altas torres, y la forma más bien cuadrada, lo delataba como un vieja castillo medieval o al menos cercano a...