Una lluvia repentina y estruendosa caía sobre la ciudad. Las pesadas gotas golpeaban los cristales de sus ventanas, y Niccolo Salvatore miraba el fuego danzando en la chimenea, mientras escuchaba a su padre hablar.
— Pronto habrá una revelación, estoy seguro, y tenemos que estar listos para asumir nuestro deber. — decía el hombre de cabellos canos.
— Yo asumiré tu legado tal y como es mi destino. No podemos permitir que sigan avanzando, ya han ganado bastante territorio en los últimos años. — decía un hombre de cabellos rubios y mirada feroz.
Repasando con sus dedos el emblema de su ancestral casa que se hallaba labrado en la chimenea,...