En los Cárpatos, mil leyendas se ocultabas durmientes en criptas de mármol y alabastro, que guardaban celosamente los secretos de un legado maldito. Nehemías observaba los bosques oscuros cubiertos de niebla, que bajaba espesa hasta el pueblo que ya se encontraba entero abrazado a Morfeo mientras descansaba en sus brazos. Todo aquello que había sufrido en el pasado, todas aquellas tristes y dolorosas memorias que tanto deseaba olvidar tal y como había olvidado su vida humana, llegaban a él como la lucida experiencia de una vida para siempre marchita.
¡Como la había amado!
Aquella mujer hermosa de cabellos negros como la noche misma, y de ojos castaños como las avellanas...