Génesis despertaba esa mañana tal y como lo había hecho los últimos años. Mirando hacia fuera de sus ventanales, la loba blanca observo los jardines vacíos, de aquella hermosa y enorme casa blanca. Mirando sus manos, las notó pequeñas; iguales a las de una niña. El reflejo que el espejo le devolvía, era el de una dulce y hermosa infanta, que no podía rebasar los cuatro años, y con los ojos perdidos en la nada, lágrimas se derramaron desde sus bellos ojos violeta.
Recorriendo con su palma aquella habitación de blancas paredes con tonalidades pasteles en sus bordes, la loba albina observó aquella hermosa muñeca de cabellos blancos, y hermosa...