Una tormenta se había desatado.
Lowell observaba el fuego danzando en la chimenea del gran salón de aquella vieja mansión familiar. Los lobos celebraban alegremente el haberse amotinado en contra de Artem Kingsley, logrando expulsarlo de la manada, mientras celebraban un banquete con música y bebida, sacando a relucir su hombría o la falta de esta. Manteniendo sus ojos en el fuego sin pronunciar palabra alguna más, el Beta traidor escuchaba las voces de todos mezcladas con sus risotadas escandalosas, dando fe una vez mas de que nadie había muerto.
—¡Artem Kingsley es un cobarde!, ¡Corrió como una niña asustada! — aseguró algún infeliz por allí mientras todos se burlaban...