Se me parte el corazón. Me despego de su cuello y me incorporo. Tengo que verle la cara.
—¿Se te fue de las manos?
Enarca las cejas.
—¿A mí? ¡No! Yo me tomé unas cuantas, pero Jake no dejaba de beber chupitos como si se
acabara el mundo. Prácticamente tuve que sacarlo de aquella casa a rastras. Luego empezó a
sincerarse y me dijo lo mucho que odiaba toda aquella presión y que no quería ir a Oxford. Entonces
hicimos un pacto. —Sonríe con cariño—. Decidimos que les diríamos juntos a nuestros padres que
no queríamos hacerlo. Que queríamos tomar nuestras propias decisiones para perseguir nuestros
sueños, no para impresionar...