Dejo escapar un grito ahogado y me maldigo al instante por ello. Pretende llevarme a ese
terreno en el que él tiene todo el control. Me está provocando con esos ojos llenos de promesa y de
placer, retándome a rechazarlo.
Desliza las manos por debajo de mis brazos y me levanta para empujarme hacia atrás con
cuidado. Llego a mi sitio y poso el trasero sobre el borde de la inmensa bañera. Siento su dureza
bajo mi piel húmeda, aunque no me importa mucho. No puedo concentrarme en nada más que en mi hombre, sentado frente a mí, ardiente y erecto. Entonces se pasa la lengua por el labio inferior...